• Caracas (Venezuela)

Al instante

blog-head

La silla caliente

Se acerca el final de 2013, las arbitrarias divisiones humanas en el tiempo invitan a los balances, y no hay duda de que entre lo mejor de la televisión venezolana del año, o por lo menos entre lo más sísmico, está Detrás de las cámaras, especie de E! True Hollywood Story criollo que transmite Televen (miércoles, 7:00 pm).

Lamentablemente me he perdido episodios importantes, otras veces se atravesó una cadena presidencial. La estructura de Detrás de las cámaras, por otra parte, dista mucho de ser redonda o coherente. Es mentira que todos los entrevistados hagan un aporte relevante. Pero no tengo ninguna duda: algunos minutos de programa han valido su peso no digo ya en oro, sino en dólares de Cadivi.

Una de las posibles explicaciones consiste en que el conductor, Luis Olavarrieta, es una figura híbrida, un barquero conector entre dos mundos que quizás está más en la orilla de los artistas que en la de un verdadero investigador objetivo, lo que despierta la confianza de aquellos.

A Olavarrieta se le pueden cuestionar la floja editorialización, los guiones o los enfoques simplistas, pero sin discusión alguna, ha convertido su “sillón rojo” en un diván en el que los invitados se abren con facilidad.

Escuchar a Daniela Alvarado refiriéndose a los rumores sobre su homosexualidad (“todos dicen que es cachapera”, admitió sobre lo que ha escuchado de sí misma). A Norkys Batista justificando la posible erección de un compañero de telenovela en alguna escena de sexo: “Sí me ha pasado, pero no quiere decir que no sean respetuosos. Bueno, son hombres”. A Annarella Bono relatando cómo juntaba las piernas para contener “bombas del período” (sangrado menstrual) durante un desfile del Miss Venezuela: “Nosotras no usamos pantaletas”. A Juliet Lima admitiendo: “En el fondo, soy una mala persona”.

Testimonios de este talante son incuantificables porque con frecuencia remiten a una forma de hacer televisión que ya no existe, a un país que presencia el ocaso en su industria del espectáculo.

Da la impresión de que a cada entrevistado se le hace una entrevista a fondo y luego se distribuyen sus testimonios a lo largo de varios programas. Por ejemplo, Hilda Abrahamz puede aparecer indistintamente varios miércoles con “retacitos” en los que habla de sus papeles de villana, la escena que le tocó grabar con Juan Carlos García totalmente desnudo o la muerte de Maye Brandt, por lo que, con el paso de las semanas, puede conseguirse algo parecido a la profundidad.

Ningún episodio se dedica a un único tema, lo que a veces es frustrante por lo corto del desarrollo, pero propicia una dinámica ágil e impredecible. Quizás lo más parecido a un dossier fue el caso de Maye Brandt. Jean Carlos Simancas reveló detalles de cómo la conoció y trajo a colación auténticas reliquias de la cuarta república como el político Pepi Montes de Oca y el restaurante Gazebo, y luego habló de su vida posterior al suicidio de la que compararon con una Lady Di nacional: “Me inyectaban para dormir, me despertaba y volvía a decirme: (lo que pasó) era verdad”.

Sostengo algo con lo que mucha gente no me acompañará: quitarse la vida me parece una decisión profundamente personal y respetable, y no creo que al que la tome se le deba poner necesariamente la etiqueta de “pobrecito”, cobarde o trastornado. Si bien Detrás de las cámaras tendió a favorecer la corriente de que cierta prensa “siniestra, cruel e implacable” (en palabras de Simancas) propició el desenlace, hubo espacio para otros matices y opiniones.

Un documento. Repito, no sé si Detrás de las cámaras es un gran programa. Pero la bota de jonrón.
En Twitter: @alexiscorreia  
     

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

  • Addthis Share:

Sobre el autor

Histórico