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El risómetro

Los años electorales me deprimen, sobre todo a medida que se acerca el día cuando uno se sobresalta con un toque de diana a las 3:00 am. Ante el fin de los tiempos, me refugio en una revisita al maratón de humor que se ha instalado los domingos en la noche en los dos principales canales privados. Hace justo una semana intenté una aproximación desprovista de moral y buenas costumbres a Misión Emilio (Televen, 8:00 pm), A Que Te Ríes (Venevisión, 9:00 pm) y Qué Locura (Venevisión, 10:00 pm).

Misión Emilio me pareció un ejemplo positivo de reingeniería. El programa ahora es menos ambicioso y le va mejor. Emilio Lovera sustituyó las entrevistas, en las que no funcionaba tan bien, por monólogos. Disertó sobre la fiebre de correr maratones: "Así será de aburrido ese deporte que la gente necesita un aparato para escuchar música. Nunca vi a un tenista, un futbolista o un basquetbolista diciendo: `Pongan Guaco pa’ que esta media hora pase rápido".

No todos los sketchs me parecieron buenos. Pero de los nuevos, me gustó el de Guillermo, el Emo, para quien no hay nada más triste que estar feliz: "¿Cómo voy a estar, papá? ¡Mal! Ya me diste la vida, ¿no te parece que me has hecho sufrir suficiente?". A lo que el papá responde: "¡Siempre con la misma emonada!". También el de Yoyo, Chichí y Radar, tres jóvenes emprendedores que exclaman: "¡Aaaay, chinazo!".

El mejor Emilio Lovera, con rostro fosilizado de matrona y alpargatas de borla, tuvo una advocación mariana en "El Show de Rosso García", bucólico magazine llanero de TV entre cuyas estrellas figuran el Avispado del Pajonal, el Toñeco del Caporal y los Bochincheros del Morichal y el Mapurite del Cajón de Arauca.

A Que Te Ríes es una máquina de pegar frases que me imagino que al día siguiente se usan para los chalequeos de liceo de toda Venezuela: "Se me sale lo tierrúa", "¡Tiene que volver a nacer!", "¡Me da pena, pá!", "El poeta Melón le regaló flores y el poeta Melames el bombón", "¡Yo no soy de hierro!" y "Se nos acabó la sopa de rabo", entre las que escuché luego de 16 cuñas de zapatos (48% del total de la publicidad).

El nombre del programa A Que Te Ríes lanza un reto que en mi caso jamás se cumple. Nada me da risa, aunque respeto a quienes sí lo hacen. Tampoco me llaman la atención las chicas.

Por cierto, hay una morena pequeñita impresionante que se armó con el mayor poder de senos concebible.

Me dio la sensación de que A Que Te Ríes está en un momento flojo de transición ante el posible crepúsculo de su segmento bandera, el del portugués Emilio y Rosita. Es espléndido volver a ver a Nelly Pujols con el personaje de la Ricachona. La obesidad mórbida de Napoleón Rivero me causa preocupación real y ni la menor gracia. Lo mejor de A Que Te Ríes es la voz entonada de Henry Rodríguez, el Laurence Olivier de las locas.

Qué Locura es como un boxeador cansado al que siempre le queda pegada.

El segmento del empleado de la Embajada de Estados Unidos que llama a una artista para notificarle que su visa está revocada carece de toda credibilidad. Pero mis primeras grandes carcajadas de la noche llegaron con el reguetonero colombiano Reykon, que se alzó cual malandro de Medellín en el falso concurso "Loco Match 4" de José Vieira (un tipo que a uno le cae bien, pero al que no le ha ido tan bien en el negocio). Jamás creí que vería en TV abierta movimientos con la lengua como los que le dedicó el Loco Viejo Verde a la modelo Mileydi Goncalves, en hilo dental de tigre a las 10:40 pm. Quizás es para avergonzarse, quizás no es correcto.

Pero exploté de risa.

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