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La prisión transparente

"Invisible, indestructible y totalmente infranqueable", según la introducción de cada capítulo, una misteriosa cúpula aísla a una comunidad del resto del planeta. Los aviones que cumplían ruta en la región se revientan contra ella. Es probable que ninguna aerolínea regrese más por esos lados: nadie invierte para perder. Una desafortunada vaca es diseccionada de lleno por el extraño cristal mientras pasta. El sangrero salpica.

En la serie estadounidense de ciencia ficción Bajo el domo ( Under the Dome , por el canal de suscripción TNT, con episodios nuevos los lunes a las 9:30 pm) tres jovencitos que sufren alucinaciones similares han encontrado en una granja una minicúpula que al parecer reproduce a escala la transparente prisión masiva. Necesitan un par de manos extra para imponerlas sobre el pequeño huevo y desentrañar el enigma y, por fuerza, deben recurrir al diálogo con un delincuente: un joven con antecedentes de secuestro. Si la pompa gigante de jabón nos lo permite, mañana se develará por lo menos una pista del origen del encierro. Afortunados ellos.

Apartando la explicación esotérica, Bajo el domo es interesante porque expone un laboratorio de la conducta humana en aislamiento. La economía del trueque sustituye a monedas sin valor. Se genera el inevitable mercado negro de alimentos (cada vez más escasos y menos variados en los anaqueles desiertos) y combustible: si hubiera Internet y señal de celular, para una autoridad sería tentador prohibir que se mencionen esas cosas en Twitter. Aburrida, la gente busca entretenimiento en espectáculos degradantes (en una cárcel venezolana, se les llama "coliseos"). Un político inescrupuloso y con escasa visión de estadista, "Big Nick", disculpen, "Big Jim", controla el monopolio de las armas.

En una situación tan desesperada, es previsible que las voces extremistas y simplistas hagan más ruido. Seguramente aparecerán los que pidan la pena de muerte por vía judicial o extrajudicial (dicen que la venganza es excelente analgésico para la culpa propia), aunque es probable que prefieran descargar en terceros la tarea sucia de la ejecución. Estarán los que sostienen que es imposible negociar con el opresor o el que piensa diferente ("no se puede dialogar con malandros", argumentarán), como si un recientemente fallecido líder africano no se hubiera tenido que sentar a conversar alguna vez con racistas. Algunos encontrarán la manera de escapar de la cúpula. La inmensa mayoría se quedará y convivirá, urgida a organizarse en incipientes redes y a encontrar pequeñas motivaciones cotidianas. Lo aconsejable bajo una bóveda invisible es conservar la cabeza fría, escuchar a los que dicen lo menos lisonjeador y no dejarse dominar por la indignación ante el horror.

Mónica Spear. La semana fue dominada por la noticia (y detonador de acontecimientos) del asesinato de una exmiss que se ganó bien el derecho a ser llamada actriz y que formó, junto con Manuel "Coco" Sosa, una de las parejas de telenovela con más carisma de la última década. En la pantalla pequeña hubo ganadores y vencedores. Televen se convirtió en el canal de televisión abierta que, mal que bien, canalizó el sentimiento de una parte de la población en el momento de la divulgación pública de la desgracia. Sin embargo, es importante que los conductores de espacios como La bomba se sienten a revisar las emisiones del martes y miércoles, porque quedó la impresión de que no todo el tiempo se logró el tono adecuado. Habría que meditar, por ejemplo, si era necesaria la intervención de la marioneta llamada Doña Griselda, o en qué términos debió haber ocurrido.

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