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El globo del deseo

Imagen promocional de <i>Cumbia Ninja</i> | Foto: MSN

Imagen promocional de Cumbia Ninja | Foto: MSN

"En mi barrio soy todo pescado, hay pescado chico y pescado hinchado, y hasta el pez payaso viste de naranja" (hasta allí entendí la letra), improvisó el protagonista Hache, con un ritmo casi idéntico al de René de Calle 13 cuando rapea -"En el mundo hay gente bruta y astuta, hay vírgenes y prostitutas"- y así arrancó el pasado jueves Cumbia Ninja , la nueva serie de producción latinoamericana del canal Fox.

Del primer capítulo me quedó claro que:

1. El último dragón que queda es la serpiente emplumada Quetzalcóatl y está dormido debajo de una pirámide con un tesoro en Bogotá, esperando un digno heredero para compartir su sabiduría y echar fuego.

2. Hay un maestro chino con el corte Fumanchú, un cerdito de mascota y la misma filosofía del señor Miyagi.

3. La protagonista sifrina es hija de un diplomático y por eso habla chino, lo que en cualquier capítulo se conectará con el punto anterior.

4. Hay un barrio al que por ocasiones llaman la cima, la colina o el cruce, pero no sé si todo aplica para el mismo sitio.

4. Cumbia Ninja es el nombre de un "vente tú" que se formó para sustituir al popularísimo grupo musical Pimpirañas (sic) en un show de talento con un animador igualito a Daniel Sarcos.

5. Los chicos buenos dicen no a las drogas.

El colectivo de actores, en general, flojo, incluida la representación vinotinto: Carmenza (Ruddy Rodríguez), desaliñada matriarca que quiere que su hijo se haga respetar en el barrio, no que rapee, y un villano con un abanico punzo-penetrante, Ítalo (Albi de Abreu), cuyo bigotito hitleriano pasado de moda me hizo recordar cuando mi profesor de Historia contaba que Antonio Guzmán Blanco se dejó la barba para que no le tomaran por un señorito blandengue. Lo peor que vi: Kárate (el colombiano Sebastián Rendón), discípulo del maestro chino que pretende ser el chistosito de la serie. De lo mejor: Helena Mallarino como Elba, trabajadora residencial que protege a la protagonista Juana cuando masacran a su familia burguesa.

Los diálogos, redundantes, con ese tipo de frases informativas y obvias que sobran en un guión bien construido: por ejemplo, "otros tocan mi música y se llevan los éxitos", se queja Chopin, el pianista nerd (cuando yo estaba en el colegio, la palabra que encajaba perfecto era "virolo"), uno de los que integra la banda improvisada de bates quebrados, junto al baterista mudo y el rapero que se traba cuando le toca hablar. Otra: "Me tienes que hacer caso porque soy tu hermano mayor", le reclama el malogrado Chico a Hache.

En la vida real no nos expresamos así.

El hermano que se resiste a vender drogas en el barrio es apuñalado en un bululú que se forma en pleno concierto y el maestro chino lanza un globo del deseo como los que se pusieron de moda para recibir al Año Nuevo (los años también se devalúan).

Veré otros capítulos para confirmarlo, pero sentí a Cumbia Ninja como un producto demasiado adolescente, sin planteamientos adultos. ¿Estaremos listos para introducir en televisión, quizás, el debate sobre la legalización de las sustancias ilícitas? A lo mejor es que envejecí, pero sentía que ya todo lo había visto antes. Un amigo comentó en Twitter que el libreto parecía escrito por los esposos Estefan junto con Ricardo Montaner, Juan Luis Guerra y Carlos Vives.

El tema que identificaba el capítulo, eso sí, llevaba fuerza y era de los que se te quedan pegados y repites involuntariamente todo el día: "Tienes que tener ojos en la espalda; sensores que activan una alarma; la calle a mí me llama, pero no está en mi destino que tome la venganza y me convierta en asesino". Ojos en la espalda: qué gran regalo para un caraqueño.

En Twitter: @alexiscorreia

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