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El fantasma del Maracaná

"Hay fantasmas que pululan en las cavernas del Maracaná", murmuró antes de los himnos nacionales, como el abuelo que le cuenta de la Sayona a los nietos aterrados. Pasan las décadas. Cambian los compañeros que se sientan al lado en la transmisión. Ahora hay que tener una cuenta de Twitter para ser alguien. Sin embargo, cada tantos años, Venevisión difunde partidos de fútbol y uno sabe que allí va a estar Cristóbal Guerra, el comentarista que, en el contexto de la televisión venezolana, es el guardián de la palabra, de manera similar al cuerpo enclenque y andrógino de Neymar, el portador de la camiseta número 10 con cara de pillo que protege la esencia de Brasil.

El pasado domingo, durante la final de la Copa Confederaciones entre Brasil y España en el "Maracaná de los dioses", el mítico estadio de Río de Janeiro, Guerra (también, desde hace 25 años, columnista de los sábados en el cuerpo de Deportes de este diario) se permitió algunas finas pinceladas en portugués, un idioma para el que hay que tener sutileza y soltura en el músculo de la lengua. También hizo uso del lirismo: "Anochece, es el eclipse del primer tiempo".

Pero no todo es hablar bonito. Con Guerra se tiene la certeza de que habrá una lectura muy temprana y casi siempre acertada de lo que ocurrirá en un partido de fútbol que dura 90 minutos. Recordó que jugadores aparentemente toscos como Hulk, cuyos pectorales son casi literalmente los del monstruo verde, también cumplen una función a pesar de carecer del talento típicamente suramericano de alguien como Neymar. "Hay una orden en Brasil: hacer una falta al primer momento de la desprendida, parar la evolución y desvirtuar a España", anticipó 5 minutos después del pitazo inicial del árbitro. "Hay un escándalo en España cada vez que llega Brasil", acertó en el minuto 8 acerca del miedo escénico de los ibéricos, porque "jugar contra Brasil en el Maracaná es nadar entre tiburones". Coloreó acerca del objetivo bien definido que tenían los defensores anfitriones frente al más mágico de los 11 visitantes: "Cortarle la luz a Iniesta".

"Le pegó a la pelota con orgullo, como cuando uno pasa por una casa y el perro ladra para que la gente sepa que él está ahí", bosquejó sobre la impotencia de la estrella española. En boca de Guerra, Neymar se convirtió en "el gestor y el arquitecto" (el del tercer gol de Brasil), ese jugador "que no es común y corriente"; Fred, el doble goleador amarelo , en "la fiera que ve a la presa herida", y Fernando "Niño" Torres, en "el náufrago" del partido. Cuando Sergio Ramos falló un penal en el minuto 55 compuso "la metáfora de una derrota".

En el 2-0 anotado por Neymar, aclamó: "Vean cómo celebra con la gente, con el pueblo, algo tan propio del futbolista brasileño". En realidad, luego se descubrió que aquellos espectadores a los que abrazó Neymar no eran precisamente el pueblo, sino algunos de sus mejores amigos que tenían asientos preferenciales, pero no importa. También se perdona que no haya siempre mucha coordinación con Fernando Arreaza, el narrador del aviso publicitario del "¡yucanflai!" ( You Can Fly ) y del grito de gol algo rudimentario ("¡Señoreeeees!").

Ahora hay redes sociales donde cualquiera opina y basta una búsqueda en Google para conseguir todos los datos y cifras de un futbolista. Sin embargo, más que nunca, los que resguardan el buen uso de la palabra poseen un valor intangible. En 2014 habrá un Mundial de Fútbol en Brasil y seguramente se escucharán los comentarios de Cristóbal Guerra: "El Cristo del Corcovado debe estar sonriendo".

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