• Caracas (Venezuela)

Al instante

blog-head

El crucifijo de Madonna

Como en una fiesta temática pavosa, Pacman, Ronald Reagan, David Hasselhoff, los interiores Calvin Klein, la serie Miami Vice , el disco We Are the World y el primer celular de ladrillo inundaron la pantalla de National Geographic en las últimas semanas con la serie de documentales Los 80 ( The 80’s: The Decade That Made Us ), cuyos capítulos transmitió el canal por suscripción la semana pasada.

La división del tiempo es una abstracción humana. El concepto de década es arbitrario, artificial, aunque Los 80 sirve para rastrear tendencias cristalizadas durante aquellos años que, quizás porque los viví de niño, me resultan mucho más radiantes que los que vinieron después: el colapso del comunismo, las fronteras ampliadas por la emancipación femenina y el desarrollo de tecnologías que cambiaron la vida cotidiana y el entretenimiento.

"Volver al futuro y jugar con el cubo", dicen los versos de la cancioncita de promoción de Los 80 , en referencia a la película de Michael J. Fox y el cubo mágico.

No todo lo que uno ve en la pantalla de National Geographic es serio (yo prefiero la revista del marquito amarillo que el canal de televisión). Hasta los programas presuntamente científicos están prácticamente obligados hoy a simplificar y hacer espectaculares sus contenidos para atraer televidentes. Hasselhoff o Naomi Campbell no son expertos que aporten visiones esclarecedoras, pero sus caras llaman la atención.

En Los 80 , obviamente, hay omisiones y asociaciones forzadas.

Es imperdonable, por ejemplo, referirse a la erupción del Nevado del Ruiz en Colombia en 1985 en el capítulo "Grandes tragedias" y no mostrar ni una imagen de Omayra Sánchez, la niña atrapada que fue el símbolo humano de la tragedia.

Es un poco exagerado afirmar que el show de televisión de Bill Cosby fue crucial para la futura elección de Barack Obama o que el célebre discurso de Reagan en la puerta de Brandenburgo resultó decisivo para la caída del Muro de Berlín. Es un poco jalado por los cabellos que, en la entrega "Grandes ambiciones" , se junte la popularización de la cocaína como droga social con la iniciativa de enviar a una maestra al espacio en el fallido vuelo del transbordador Challenger, todo bajo la premisa de "una década donde la apariencia lo era todo", según el moralista guión del programa. De todas las décadas, creo, podríamos concluir lo mismo.

Mi capítulo favorito fue "Grandes gadgets" porque mostró cómo todas las innovaciones tecnológicas de la década (computación, videojuegos, música portátil) al final desembocaron en la que se convertiría en la más importante de todas: el teléfono móvil.

El principal valor que doy a Los 80 es la sacudida eléctrica que provoca a los que vivimos la década. Me topé con la barbuda cara de manganzón, típica de los adultos que fueron niños famosos de la televisión, de Malcolm-Jamal Warner, el hijo de Bill Cosby en la ficción. Me estremecieron las imágenes de El día después , aquella película que plasmó el pánico nuclear. Recordé el chalequeo de mis hermanos por el nombre de Joan Collins en Dinastía y las cuatro o más páginas diarias que dedicaban algunos diarios populares venezolanos al que llamaban "cáncer gay".

Lamenté que el despertar de mi sexualidad, que fue más lento que la conexión de Internet en Venezuela, no hubiera coincidido con el vestido de novia de Madonna en los premios MTV de 1984 (ella valió por los años ochenta completos).

Comparé al piloto alemán que aterrizó por sorpresa en la Plaza Roja de Moscú con Yendri Sánchez en el acto de investidura de Nicolás Maduro.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

  • Addthis Share:

Sobre el autor

Histórico