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Mi chinita Watson

"No bebo café, tomo té, mi estimado", escribió Sting a finales de los años ochenta en la letra de "Un inglés en Nueva York". Más de dos décadas después, el inglés sí bebe café y la neoyorquina, que corre todas las mañanas (la palabra "trotar" le resultaría tan insultante como decir "junta médica" en casa de un magistrado del TSJ), se mete una merengada de proteínas directo del vaso de la licuadora. Su tocayo del siglo XIX consumía, además de hectáreas de tabaco, dosis moderadas de cocaína y morfina, que entonces no eran ilegales.

El émulo contemporáneo salió de una desintoxicación de seis meses y le ha sido asignada una "acompañante terapéutica", que le tomará muestras de saliva para comprobar si está sobrio. Elementary es una adaptación al siglo XXI del detective inglés Sherlock Holmes, interpretado por el ríspido Jonny Lee Miller. La serie del canal estadounidense CBS se transmite en Venezuela por Universal Channel, los jueves a las 9:30 pm. La frase "¡Elemental, mi querido Watson!", que en realidad nunca fue escrita por Arthur Conan Doyle, cambió de sexo: Joan Watson, la actriz de origen chino Lucy Liu, ha sido contratada durante seis semanas para vigilar la rehabilitación de Sherlock, que se mudó a Nueva York luego de tocar foso en Londres por un guayabo.

A través de la observación y la deducción, este Sherlock maníaco-depresivo, tatuado y de bufanda roja (que trabaja como freelance para la Policía de Nueva York, lo que le permite emplear métodos menos ortodoxos que un detective con cestatickets), concluye que Joan es una cirujana que no ejerce luego de un caso de mala praxis y que, por su manera de caminar, hace tiempo no experimenta un orgasmo saludable. Compañía femenina más bien ornamental, aunque poco a poco esta querida Watson se anima a colaborar con las sutilezas de su hemisferio derecho cerebral ("somos las de la intuición", recordaba Shakira) en los truculentos homicidios. Un capítulo no pasa de 45 minutos, por lo que, si descontamos las escenas de peleadera entre el inteligentísimo pero emocionalmente inmaduro Sherlock y la elemental pero perceptiva Watson (se supone que más adelante se van a enamorar, o por lo menos tener sexo, y el sexo siempre complica todo, aunque debería ser al revés), los casos se resuelven rápido, a veces de manera halada por los cabellos.

Lo que más interesa de Elementary es su aproximación a temas universales. Uno de ellos, la predestinación: si el ser humano es una máquina neurológica y genética, cuyas acciones siempre pueden predecirse (como sostendría Sherlock), no queda espacio para el libre albedrío. Watson es un recordatorio de que no toda la experiencia humana puede explicarse a través del método científico. Y de que hombre no es gente. Y huele feo. El otro tema es lo que se ha denominado mentalidad renacentista: la pretensión de abarcar todo el conocimiento humano. Sherlock recurre a métodos mnemotécnicos como el "Palacio de la Memoria" (pasé por ahí y tiré la toalla), recita como perico citas de libros y películas, observa una docena de canales de TV al mismo tiempo y además posee un VHS (¿eso existe?) para observar viejos interrogatorios. "El espacio de la mente es limitado y los conocimientos inservibles, como tocar violín, desplazan datos útiles", sostiene en su esfuerzo conmovedor nuestro flaquito inglés que no se baña. Sobra decir que era dificilísimo, pero no imposible, ser renacentista en tiempos del Renacimiento, mientras que en el año 2013, en cada minuto que usted ha gastado en estas líneas, se han descargado 60 horas de videos nuevos en Youtube.com.

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