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Viaje al futuro

<i>Tristeza en las estrellas</i>, teledrama taiwanés transmitido por Venevisión | Foto: Archivo

Tristeza en las estrellas, teledrama taiwanés transmitido por Venevisión | Foto: Archivo

C anales como La Tele o TVES han dispuesto de k-dramas (telenovelas coreanas) para rellenar horas de programación.

Pero me sorprendió más encontrar en Venevisión, de lunes a viernes a las 5:00 pm, una miniserie de Taiwán, que, como lector de Selecciones del Reader’s Digest , me crié imaginando que era la pequeña isla capitalista cuyos habitantes no tenían contacto alguno con los desalmados chinos comunistas.

Pero, ¡oh, sorpresa!, resulta que la mitad de Tristeza en las estrellas se desarrolla en Shangai, que ahora es como la gran ciudad símbolo de que ya no es tan socialista como pensábamos esa China grandota a la que, parece, los venezolanos le deberemos hasta la ropa interior por lo que queda de milenio.

Quizás la miniserie de Venevisión es una señal de lo que está por venir.

He aquí un dramón: Cheng Yué, el protagonista de esponjada melena de quinceañero al que no le favorecen nada las tomas de perfil (la manzana de Adán: vaya pelón estético del Creador), es un prometedor pianista taiwanés al que, cuando salvó (de turista en Pekín) a una joven de ser atropellada, un autobús le pasó por encima de las manos y quedó artísticamente inhabilitado.

La joven se llama Bambi, como el venadito, y es una oficinista de una empresa de mercadotecnia (¡pérfido capitalismo!) de Shangai que sufre una enfermedad degenerativa que le causa distrofia muscular, y a su vez huérfana de madre que falleció debido a un cáncer.

Aunque hay jefas malhumoradas, en los melodramas del Lejano Oriente no parece haber villanas tipo Lupita Ferrer, y entonces su lugar es tomado por patologías fatales.

Cheng Yué cumple entonces una fantasía que yo he tenido en los últimos días: como en el famoso libro de César Landaeta, manda a la gente a la porra. Entierra su pasado de músico, abandona a su posesiva madre, se va de Taiwán y comienza otra vida totalmente desde cero como simple mensajero en la empresa de Bambi, chica dispuesta a trabajar numerosas horas extras por amor, algo que no podría hacer en Venezuela con la nueva ley.

Pero Rusán o Rushán (suena a una de esas siglas de los fallidos sistemas de control cambiario del Gobierno), la ex novia de Cheng Yué que toca el violonchelo, y una muchacha como las de antes, siempre formalita como una muñeca de tul, se va detrás de él a Shangai para separarlo de Bambi: "Desde niña quise que fueras tú el que me esperara en el altar", trata de convencer, modosita y manipuladora, al reacio Cheng Yué. ¿En China también se casan en el altar? Jamás pensé que terminaría tarareando un tema principal de teledrama cuyo coro dice más o menos así: " Wopú Weleshú, Wopú Yue Nan Pu, Shosai Nishan San dukún... Guadoi Mansú".

O que, en vez que Bambi o Rusán, me terminaría gustando mucho más Da-Hón, oficinista con carita de yono-fui. Desde el punto de vista narrativo, Tristeza en las estrellas se caracteriza por el uso hasta el paroxismo de los recuerdos en tono sepia, que a veces ocupan la mitad de un capítulo. Para los gerentes de Venevisión, supongo que es un alivio transmitir un programa al que no hay que ponerle piticos de groserías, a diferencia de los de Colombia.

No voy a decir que durante la historia anterior de Venevisión el espacio del final de la tarde fue ocupado siempre por la producción nacional, lo que es inexacto. Pero sí ha habido esporádicas iniciativas como El Club de los Tigritos o series como A Todo Corazón . El teledrama taiwanés, además de un posible viaje al futuro, es uno de esos síntomas de un país en el que hay muchos más incentivos para importar que para crear. Mientras tanto, espero que nuestros fósiles de hoz y martillo vean un capítulo para que aprendan que en China hace rato no le rezan a Mao.

En Twitter: @alexiscorreia.

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