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Tequeños en La Orchila

Empezar un programa de televisión pronunciando siempre unas frases de manera idéntica es como haber permanecido dentro de un congelador desde la invasión de Bahía de Cochinos: "Tripulantes de nuestra querida, contaminada y única nave espacial, que ha dado otra vuelta sobre su eje imaginario". Aclaro de entrada que me parece estúpido considerar todo lo nuevo como necesariamente mejor.

El tirante del parche colocado prolijamente sobre la raya del cabello. La fotografía amarillenta del planeta Tierra como decorado. El mapa digno de Cristóbal Colón que, en plena era de Google Earth, él sigue apuntando con una antenita mientras traza recorridos hipotéticos de barcos rusos que cruzan el canal de Suez para entregar armamento al Gobierno sirio ("misiles S-300, la pesadilla de cualquier piloto israelí", detalla con el deleite que siempre ha rezumado ante los letales juguetes de los niños grandes). Con todo y que las vueltas de la vida han hecho que él mismo forme parte ahora de los acontecimientos en pleno desarrollo, y las contradicciones que encarna hoy, Walter Martínez, el conductor de Dossier (lunes a viernes, 10:00 pm en VTV), todavía me parece el personaje fascinante que, cuando un muro dividía a Berlín, despertaba en mí como niño un respeto reverencial.

El Dossier del pasado miércoles 22 de mayo fue particularmente alucinante. El internacionalista de origen uruguayo se presentó en el estudio de VTV con traje militar: "Sin transición, hemos llegado directo desde Maiquetía con la braga de navegación puesta, luego de una intensísima jornada". Había sido invitado por la cadena de mando de la Armada venezolana para el disparo en La Orchila de un misil Otomat MK-2, que, explicó con fruición, "puede impactar en un buque enemigo más allá del horizonte". Martínez aseguró: "Hemos destruido los intentos de bloquear nuestra ecuación tecnológica (sic). Hoy se ejerció soberanía. Todos los misiles que tenemos dan en el blanco donde queremos y cuando queremos".

Lástima que, durante el lanzamiento del artefacto, la estampa de un mesonero con una bandeja de tequeños en el monte Walter de La Orchila restó algo de tono épico al impactante video. Luego Martínez colocó el micrófono a oficiales de la Armada, que emitieron al unísono el eslogan corporativo: "¡Chavez vive, la lucha sigue!". En el estudio en penumbras, el internacionalista desfiló con su braga por un pasillo de luz y se despidió cuadrándose ante la cámara con un saludo militar.

Como pernoctó en La Orchila, entendí por qué un día antes se había emitido en Dossier una repetida y desdentada entrevista en Roma con el poeta Isaías Rodríguez, el hombre del testigo estrella del caso Danilo Anderson y ahora embajador.

Durante la conversación, Martínez, que ha terminado adoptando en Dossier el idioma oficial ("patria grande", "comandante supremo", "lobby sionista"), sacó un crucifijo de plata del flux: "Es el hermanito del Cristo de Chávez y nos acompaña en todas nuestras misiones".

En 1990, cuando trabajaba para Televen, Martínez ganó el Premio Nacional de Periodismo, el de la cuarta república, y declaró: "No se puede hacer televisión con mentalidad de empleado público". Sigo admirando a alguien que usa palabras como "racconto", que se refiere a la Avenida de la Paz Celestial cuando habla de Pekín y que le descubre al televidente que al fallecido dictador Jorge Videla le decían "Huesito" en sus tiempos de cadete. Un programa que sirvió todos estos años como antesala de La Hojilla , sin degradar su lenguaje: he allí una reliquia incontaminada de la Guerra Fría en nuestra querida nave espacial.

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