• Caracas (Venezuela)

Al instante

blog-head

Rodilla con pezuña

Con todos los recursos a su disposición, el sector gubernamental fracasa en la seducción de los centros urbanos y la clase profesional. La oposición no convence a los bastiones chavistas de que el socialismo, que a veces parece una cosa muy chévere, será nefasto a largo plazo. En la desolación que me paraliza luego de cada proceso electoral, busco tranquilidad, pero también alguna lección, en Domador de caballos , del canal National Geographic, cuya estrella es un argentino llamado Martín Ochoteco. ¿Cómo se domestican las mitades irreconciliables de un país? La melena pasada de moda en todas partes menos en Argentina, esa que en otros países tratamos de imitar y el resultado son cuatro pelos hirsutos decolorados con camomila, refuerza la impresión de un prodigio emergido de la naturaleza misma.

"Siempre me gustaron los caballos, pero un día me detuve a escucharlos. Mi doma se basa en la confianza y la comunicación", expone el propio Ochoteco en la introducción. Cuando escribió "Poema a un caballo", Shakira admitió que una cabalgata desbocada era lo más parecido a su hombre de entonces (un padrote argentino) haciendo el amor, algo que mucha gente experimentó al ver a Brad Pitt como jinete en Leyendas de pasión , y seguramente eso está implícito en el poder hipnótico del Domador de caballos .

"La paz que transmite Martín a sus caballos es impresionante. Es como si fuera uno de ellos", confirma la mexicana Diana, una entre los desesperados propietarios de haras que recurren a los servicios de este centauro barbudo y sobón de pescuezos que vaga por el continente guiado por un precepto ("cada vez que logro domar un cabasho, algo en el universo cambia"), y al que solo dos veces en cinco programas vi alterado ante la inminencia de una coz.

"Es un ser especial. Tiene un don", agrega el dueño de una yegua de polo. "Toma en cuenta lo que piensa el caballo", sostiene un caballericero colombiano. "Hay un antes y un después de su llegada a este lugar", jura la presidente de una fundación de Kentucky que rescata jamelgos destinados a menú de restaurantes.

En las escuelas de cine y TV enseñan que el documental es un género en el que hay un punto de partida, pero que nunca se sabe en qué parará. Por ello desconfío ligeramente de programas de no ficción cuyo guión siempre es como una película de Hollywood. Las metas que se propone Martín Ochoteco son prácticamente imposibles: por ejemplo, reducir a una semana la doma de una yegua de polo que en casos normales se tarda un año.

Además, hay mal tiempo durante tres días y alrededor del minuto 40, justo antes del corte comercial, aparece un inesperado obstáculo como estratégico pico de suspenso: un lomo adolorido, una pata raspada, una mala maña que se había superado.

Igual Domador de caballos es admirable por la manera en que uno se relaja con las enseñanzas de Martín: "Y, ¿viste?, si pone las orejas bien para atrás es que está a punto de hacer algo malo", imparte mientras se revuelca por el lodo y se deja colocar, como máxima prueba de confianza entre humano y animal, una pezuña sobre la rodilla.

Estoy convencido de que, entre líneas, en Domador de caballos se leen mensajes útiles para el país. "Hay que sacarle todo el odio que siente por los otros", explica Martín acerca de Enigma, violento potro colombiano de paso fino. "Dale un poco de buen trato y libertad, y en 24 horas parecerá otro", preconiza Ochoteco sobre el traumatizado Forrest de Kentucky, y uno piensa en las torpes estrategias para bloquear todo desahogo posible a los que votan por una tarjeta azul en vez de una roja. Cada caballo tiene un destino, asegura Martín.

El de color blanco que corre hacia la izquierda en el escudo de Venezuela no debería caer por un barranco.


En Twitter: @alexiscorreia.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

  • Addthis Share:

Sobre el autor

Histórico