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Pitos y matracas

Una transmisión del 31 de diciembre requiere de un particular sentido de la emotividad y el timing (manejo adecuado de los tiempos). Jugar con ese vórtice einsteniano que entumece las manecillas del reloj cuando faltan cinco pa’ las doce. Por eso lo que vi el martes a la medianoche tanto en Venevisión como en el sistema de medios públicos me resultó igual de decepcionante.

Los canales del Estado se encadenaron con la señal en vivo del concierto en la plaza Bolívar de Caracas (el hashtag en pantalla era #2014ConPatria). Porfi Baloa cedió la tarima, en el momento decisivo, a Memo Morales, integrante durante 12 años de la Billo’s Caracas Boys.

A las 11:49 pm, hora casi equivalente a un desempate de penaltis, Morales cantaba "Qué viva España", coro inaceptable para oídos emancipados del yugo de cualquier imperio. Menos aún la aguardentosa versión alternativa. Los nervios traspasaron la pantalla. Se escuchó una voz que se coló de tras bastidores, quizás de alguna de las autoridades presentes: "¡Qué se apure, qué se apure!". A las 11:56 pm, el "camarada presidente obrero", Nicolás Maduro, y "nuestra primera combatiente", Cilia Flores (ambos con chaquetones tipo escaparate), fueron llamados al escenario por los animadores Layla Succar y el conductor del programa Zurda Konducta conocido como "Cabeza e’ Mango".

Si hay presupuesto para contratar a artistas que canten un 31 de diciembre no se debió ver una producción tan triste y desordenada como la que siguió.

Era el primer Año Nuevo después de la muerte de Hugo Chávez y en ningún momento se jugó audiovisualmente con ese hecho trascendental (el cuartel de la montaña, etcétera). A Morales apenas se le concedió un trozo de los versos de "entre pitos y matracas" y luego lo borraron del mapa (se oyó una pista grabada con temas como "A comer" de Guaco). Fuegos artificiales pobretones. Un obeso arquetipo clientelar en camisa roja, con una mochila tan redonda como él, al parecer abría espacio para que se bajara Maduro. Parece algo trivial, pero Caracas sigue careciendo de un acto colectivo de despedida de año que sea inclusivo, estable en el tiempo y sirva de gancho turístico.

En el especial de Venevisión, que todos sabemos que es grabado aunque de manera conmovedora nos hacen creer que se transmite en vivo, se contaba con un arma de efectividad comprobada en cien tragaderas de uvas, el gañote desgarrador de Betulio Medina, pero lo desperdiciaron demasiado temprano (11:40 pm). A las 11:55 pm lo que se vio fue un trencito con atuendos de hora loca (Leonardo Villalobos, Los Cadillac’s, Tambor Urbano, Mermelada Bunch, etcétera) al tiempo que Liz, que arrastraba la capa de Batman, y Omar Acedo cantaban "Corre caballito", aguinaldo navideño incompatible con la angustia de abrazar a la mamá.

¿Qué pasaron otros canales al filo de la medianoche? Televen puso una película que ni siquiera era para toda la familia (Valiente, con Jodie Foster). En Vive TV, el grupo de aguinaldos Los Coloramas de Chapellín. Oigo una frase que siempre dicen en ese tipo de documentales: "La tradición se ha ido perdiendo". Lo que nadie dice es que en su lugar aparecen tradiciones nuevas, por ejemplo, despegar un globo del deseo made in China. En el nuevo canal Conciencia me enteré del mito wayúu de la vagina dentada de Wolunka y de que solo quedan 150 caimanes del Orinoco adultos en su medio ambiente natural. En Venevisión Plus, por primera vez en mi vida vi a la nueva conductora de Quién tiene la razón, la mexicana Carmen Jara, sin unas botas encaramadas hasta las rodillas. Henry Zakka envió su saludo de fin de año: "No importa que no salga el sol, también el viento seca la ropa".

En Twitter: @alexiscorreia.

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