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Flashes de espontaneidad

En el especial de Mónica Spear de Detrás de las cámaras (Televen), que finalmente se transmitió el pasado miércoles (aunque la cadena del denominado "noticiero de la verdad" interrumpió simbólicamente el epílogo), quizás por un descuido del equipo de producción se observó en fotos el rostro de la pequeña hija de la actriz asesinada. En otros canales la imagen había sido difuminada. Extraños resplandores de espontaneidad.

En la telenovela extranjera Santa diabla , que transmite Televen a las 10:00 pm, generalmente se elimina el audio del verbo "matar" en cualquiera de sus conjugaciones. En el capítulo final de De todas maneras Ro- sa (Venevisión), Andreína (Norkys Batista) pudo emplear la palabra prohibida e incluso empuñó un arma para disparar a Leonardo Alfonso (Ricardo Álamo), atravesado en el camino de la bala hacia Rosa (Marisa Román): el galán tenía puesto, afortunadamente, un chaleco blindado. Las leyes despiertan confusión. Según el presidente, esas escenas aumentan el índice de criminalidad: el ya superado debate del huevo y la gallina. ¿Volveremos a ver en el futuro algo tan normal como una villana con una pistola? ¿Podría hoy la protagonista conseguir un boleto para el viaje de estudios a Inglaterra? Norkys, que se reivindicó de un mal papel con sus valientes declaraciones en defensa de la libertad creativa, terminó sus días haciendo un desfile de miss con harapos mugrosos en la cárcel. Una líder negativa femenina, algo que no existe según el noticiero de la verdad, juró hacerle la vida imposible.

Antonio Delli se valió del poder de la contención para, en medio de las restricciones implícitas en un personaje dramático de homosexual en el marco legal venezolano, mandarse una gran escena de despedida de su masculino desamor. Gustavo Rodríguez, un gigante de la televisión al que le toca ahora su más duro papel en el reality show de la vida, quedó pidiendo limosna, con el rostro desfigurado.

Solo en el capítulo final de una telenovela el bumerán golpea al poderoso.

De resto, la única producción nacional dramática reciente al aire fue despachada sin pena ni gloria, coleada entre el calendario del beisbol. Si hubiera cultura local de spin-off (extraer un personaje secundario para hacerlo protagonista en un nuevo producto de ficción), escogería a la pareja de comedia de Inocencia (Yuvanna Montalvo) y Felizberto (Luciano D’Alessandro).

"No conocía la maldad ni los sentimientos de envidia", exageró la voz en off del entrevistador Luis Olavarrieta en el programa de Mónica Spear. Obviamente, ninguna persona es así. Creo que el mejor homenaje que le podemos hacer a alguien es recordarlo con sus luces y sus sombras: lo que perfila su verdad humana.

En cualquier caso, la edición especial de Detrás de las cá- maras fue insuperable: allí estaba ella en blanco y negro sobre la silla roja, con sus huesos larguísimos y su ensimismamiento tan en las antípodas del escándalo, diciendo que solamente se sentía tranquila cuando tenía al lado a su hija, su nana y su gata o que el hogar es algo que "lo lleva uno por dentro", o recordando cuando le pegaron un chicle en el cabello en el Miss Universo o hizo de Cleopatra en un parque temático de Orlando. Como si lo que ocurrió el Día de Reyes en la noche hubiera sido un mal sueño. En cualquier otra emisión de un programa concebido para la controversia, Spear hubiera sido una entrevistada roma, anodina. El miércoles paralizó las pantallas de los venezolanos en un paréntesis atemporal del que solo los despertó la imposición de la verdad oficial: la culpa es de las telenovelas.

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