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Degustación cíclica

En una red social comenté que un juego de la Vinotinto a las 9:00 pm generaría pugnacidad por el control remoto entre muchas parejas. Hubo quien lo tomó como machismo, pero sólo quise reflejar un hecho estadístico: que en pleno siglo XXI un elevado porcentaje de personas (no sólo mujeres) siguen telenovelas, género rey de la TV latinoamericana. Hábito que no es menor ni denigrante.

Admiro a los que son capaces de llevar el hilo de 140 o más capítulos de una telenovela, incluso de más de una a la vez. Alguien alegará que ese tiempo se podría emplear para 70 películas del Festival de Cannes. Pero la vida consiste, en gran medida, en llenar horas de vacío con actividades que, analizadas objetivamente, son casi siempre absurdas.

Hice el ejercicio de sentarme a ver, durante un día, capítulos aislados de telenovelas que no sigo, las que ofrece un canal como Televen (en el futuro lo haré con Venevisión). Parto del enunciado de que en un único episodio, por lo menos de una telenovela rosa clásica, puedes deducir lo que ha ocurrido en todas las entregas anteriores que te perdiste y hasta lo que ocurrirá en las próximas. Es la magia de las convenciones del género, cuya degustación se convierte en un deleite.

Muestra 1

Internado en ciudad colonial. Dos alumnas son mejores amigas. Están peleadas porque la rubia cachetoncita se enamoró de un crápula por cuyas armas pasó antes la morena, la que tiene pinta de diosa hindú. Todos los hombres de esta telenovela parecen chulos o mentirosos. Escucho el insulto: “¡No te pases, escuincla!”. La diosa hindú advierte a amiga: “Preferiría salir con un perro sarnoso antes que con esa rata asquerosa”. Aparece Lupita Ferrer con anteojos de sol y sentencia como quien lo ha visto todo: “El amor es un negocio que siempre sale mal”. Aún se le escapa, a estas alturas, un venezolanísimo “¿oíste?”.

Hay dos familias enfrentadas con apellidos típicos de familias enfrentadas: Altamirano y Sotomayor. José Ignacio, el conquistador inescrupuloso que usa el falso nombre Adán, seduce a Eva (la estudiante ingenua y provinciana que no sabe quién es Justin Bieber) con cesta de picnic. Se besan y descienden hasta salir del encuadre, lo que se traduce: adiós, virginidad de Eva. El hermano de José Ignacio, Junior, le echa los perros a la madrastra sexy frígida. Nombre: Rosa Diamante (10:00 pm).

Muestra 2

Niña pelirroja paralítica. Su papá, Juan Marcos Arroyo, está despechado por Ángela, la empleada que cuida a la niña paralítica, pero Ángela, huérfana sin otros parientes cercanos y madre soltera de Violetita, se va a casar con Luis, el malo sexy que tiene un aire a Joaquín Cortés. Violetita y la niña paralítica le piden a Ángela (una protagonista digna y austera, de trenza color castaño) que se ponga el vestido de novia que le acaba de regalar Luis. Ángela acepta y a las 9:40 pm está de blanco y sin tocado: todos sabemos que en ese momento abrirá la puerta Juan Marcos. Y ¡zas! A las 9:41 pm, Juan Marcos abre la puerta y la ve con dolor y deseo infinitos. Violetita le pide a Juan Marcos que sea el padrino de boda de “Valdés” (así llama él a Ángela, para mantener la distancia) y éste, en un alarde de masoquismo diluvial, da el sí.
Bernardo, el malo adulto calvo al que le gustan las carricitas y que conspira para que Samanta Sandoval (una rubia de esas que serían demasiada mujer para uno) no encuentre al hijo que cedió en adopción, tiene un recuerdo doloroso en blanco y negro de Sonya Smith. Siempre hay un venezolano por ahí recordándonos que alguna vez fuimos potencia. Todo esto en Corazón valiente (9:00 pm). Continuaré la semana que viene. 

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