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Círculo incondicional

Corona del Miss Venezuela | William Dumont | El Nacional

Corona del Miss Venezuela | William Dumont | El Nacional

Ser una candidata del Miss Venezuela no tiene la más mínima relación con estimular un pensamiento erótico. Tampoco con sentirse saludable o feliz. Ni siquiera con ser verdaderamente bonita (por lo menos en tiempo presente). Es un universo competitivo con reglas autónomas, y esto debe ser tomado en cuenta por los que han sentido repulsión ante algunas de las imágenes (narices acuchilladas, rostros amoratados, muletas, amateurismo y amputación del amor propio) de los primeros tres episodios de Todo por la Co- rona , el no muy bien catalogado como reality show que Venevisión transmitirá mañana por cuarta ocasión a las 8:00 pm.

Todo por la Corona , por lo menos hasta ahora, es más bien un documental de un proceso familiar para todos los que alguna vez han presenciado alguna etapa de la selección y preparación de las misses venezolanas. Los protagonistas, además de las aspirantes, son los colaboradores más cercanos de Osmel Sousa, que así como juzgan se exponen a ser juzgados.

José Rafael Briceño, el barbudo profesor de oratoria, sufre en el jurado la soledad del inteligente. Posee las ventajas del dominio de la palabra y de la visión panorámica de la vida. Es un profesor universitario de salidas elocuentes (ejemplo: "Toda reina de belleza camina una delgada línea entre la humildad y la soberbia") que, con este programa, quizás se consolide en una ocupación mejor remunerada. Harry Levy, especie de mano derecha de Osmel, sin duda tiene una presencia atractiva.

Gisselle Reyes, profesora de pasarela, debe recordar aquella leyenda urbana de que la televisión aumenta cinco kilos. Desconfío de entrenadores como Richard Linares, que hacen promoción de presuntas pastillitas milagrosas. Los dequeísmos de Linares, así como sus métodos y objetivos, me resultan dudosos aunque, como señalé antes, la meta del Miss Venezuela no es promover que las mujeres se alimenten de manera sana, sabrosa y balanceada o tengan un plan individualizado y racional de preparación física que las haga sentirse realizadas, sino producir potenciales ganadoras en serie.

Ivo Contreras, estilista oficial, hasta ahora es de lo peorcito. Quedó muy mal cuando eliminó a una miss y se justificó de esta manera: "Osmel pidió naturalidad".

¿Acaso carece de criterio propio? Lo que me lleva a una recomendación para futuras ediciones. Incluso desde un punto de vista organizacional, sería valiosísima una voz (aunque no tenga voto) de un experto externo, que discrepe del método de trabajo del círculo más incondicional de Sousa.

Era cuestión de poner un cronómetro para que una aspirante dijera: "Yo espero y aspiro" (una tal Stephania). Y para que otra, eliminada por los jueces, sentenciara: "Lo mejor es lo que pasa". Seguido del infaltable: "El tiempo de Dios es perfecto" (Rebeca Reichle).

La aspirante que más me gustaba de todas, una rubia de padre inglés llamada Kate Walter, se autoexpulsó del concurso. Aquella cuyo papá gritó: "¡Mi hija es hermosa, va a ser Miss Universo!", Isabela Milano, quedó fuera. También Raquel Zambrano, que salió del casting del estado Táchira y había confesado: "Primera vez que me monto en el Metro".

De las que quedan, llaman la atención Daniela Crespín (un patito feo con espontaneidad), Marie Claire Arcila (una deslenguada cuyo nulo sentido del ridículo al final cae simpático), Andrea Roche (una futbolista cuyo cuerpo entrenado, paradójicamente, no sirve para miss), una tal Irene (la morena con potencial a la que le quitaron las cordales) y Michelle Bertollini (una de las más completas). Pero esto apenas empieza.

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