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Catástrofes petroleras

Hice un maratón de los cuatro capítulos que se han emitido hasta ahora de The Newsroom (canal de suscripción HBO, hoy a las 11:00 pm), casualmente, durante la secuela de la tragedia de Amuay.

El primer episodio me enganchó, entre otras razones, porque se estructura a partir de la cobertura periodística de otra catástrofe real de la industria petrolera, la explosión de la plataforma marítima Deepwater Horizon en abril de 2010, que derramó aproximadamente 5 millones de barriles de petróleo en el golfo de México.

MacKenzie McHale (la actriz Emily Mortimer), ex corresponsal de guerra y nueva productora ejecutiva del programa de debate noticioso News Night, en el horario estelar del canal ficticio ACN, propone el compromiso quijotesco de crear un espacio comunicacional "que se convierta en un lugar donde todo el país pueda coincidir".

El famoso y desconsiderado conductor Will McAvoy (Jeff Daniels), un tipo de regreso de todo y republicano moderado (no sé si el símil es demasiado exacto, pero en el contexto de las élites intelectuales estadounidenses eso equivale como a ser chavista), le responde escéptico: "El país está más polarizado que antes de la Guerra de Secesión, la gente busca sólo los hechos que quiere saber".

De acuerdo con McAvoy, palabras más, palabras menos, la mayoría de los televidentes estadounidenses son estúpidos y tienden a fiarse de los extremistas. MacKenzie le sugiere hacer un show responsable para pocas personas, antes que uno mediocre que trate de conseguir un elevado rating: "Sólo llegarás a 5% de la población, pero ese 5% puede influir mucho en un país como Estados Unidos".

Al ver el capítulo de The Newsroom, me planteé preguntas para las que no tengo respuesta clara: ¿una vez que ocurrió la tragedia en Amuay, qué era lo más pertinente en los medios de comunicación? ¿Centrar la atención en los tanques que se mantenían en llamas (no soy experto, pero creo que en ese caso no había más remedio que dejar arder el combustible restante)? ¿En la investigación sobre las causas y anomalías de lo que sucedió? ¿En la solidaridad con los que habían perdido seres queridos o bienes materiales? ¿Por qué son populares cuentas en Twitter como el anónimo Lucio Quincio, que en el momento de mayor tensión lanzó al vuelo informaciones no confirmadas como la muerte de por lo menos 100 personas en Amuay, la imposibilidad de evitar la destrucción de toda la refinería o la supuesta escasez de gasolina en todo el país apenas un día después de la tragedia, como si esa fuera la forma en que funcionan los canales de distribución? De los demás capítulos de The Newsroom, me atrajeron los temas políticos y comunicacionales (como la influencia del grupo de opinión Tea Party dentro del Partido Republicano o los cambios en el periodismo ocasionados por Wikileaks), los otros no tanto.

Entiendo que, a diferencia de la quijotada que pretende hacer MacKenzie (estupenda Mortimer) en el ficticio News Night, la serie The Newsroom sí debe buscar números de rating y, como en la película Titanic, hay que meter la historia de amor. En este caso, un poco al brochazo: MacKenzie y McAvoy ardieron en el pasado y cenizas quedan, y entonces McAvoy es hoy, en venganza, un playboy cuya promiscuidad más bien exagerada podría ser empleada para sacarlo de una cadena de TV donde se ha vuelto incómodo. O la aprendiz (Maggie), toda rosadita ella, que sale con un productor despreciable mientras el periodista nerd, responsable y adicto al trabajo (John Gallagher), suspira. Una presencia grata en el reparto es Dev Patel, el protagonista de Qui- siera ser millonario.

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