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Suramérica manda en casa

Los jugadores de la selección brasileña levantan el trofeo / EFE

Los jugadores de la selección brasileña levantan el trofeo / EFE

La conquista de Brasil, el despertar uruguayo, el fervor del público en el Maracaná, los preparativos para el Mundial del año que viene, la probable avalancha de aficionados de este continente que habrá en esas 12 sedes, las discusiones con los colegas sobre la posible presencia mundialista de la Vinotinto; temas diferentes y sin embargo tan unidos por el lazo innegable entre los suramericanos. Así se vivió la Copa Confederaciones.

Casi todo lo que se pudo experimentar en la cobertura recordaba el poder que Suramérica tiene cuando se convierte en el centro de atención del mundo del fútbol, porque no es asunto de todos los días, teniendo en cuenta que los últimos Mundiales en América fueron en Estados Unidos y México.

Brasil se alista para el Mundial del próximo año entre aciertos y dudas, pero con la firme convicción de que será una fiesta suramericana y local. Con el triunfo en la Copa Confederaciones confirmó todavía más su ambición y autoexigencia, la imborrable idea en la mente del aficionado de que Brasil no puede ni debe dejar escapar el Mundial en su propia casa.

Si bien las semifinales y la final fueron un asunto compartido a medias con Europa, Brasil y Uruguay dejaron entender a sus rivales que cuando se juega en estas tierras, la balanza se inclina un poquito, tanto por el clima como por el calor de su gente.

A pesar del alcance global de la copa, confirmado por el récord en las cifras de audiencia en los grandes mercados europeos, la Confederaciones fue mayormente una celebración casera, no sólo por el título obtenido ante España en la final sino por la masiva presencia de aficionados brasileños en los estadios, en una estrategia de venta de entradas preferenciales que impulsó esa respuesta y se adaptó también a una realidad ineludible: la Confederaciones, aunque haya ganado relevancia, no era el torneo que atraería a grandes masas de todo el mundo, que se preparan, en cambio, para hacer ese esfuerzo en 2014.

El Mundial es algo especial.

No sólo motiva a personas de todo el planeta a olvidarse de su vida rutinaria por un mes y trasladarse a tierras lejanas (que lo digan los miles de viajeros que recibió Suráfrica en 2010), sino que convierte al país anfitrión en el centro de todas las miradas.

Brasil, que ya cuenta con un espectacular atractivo turístico, será entonces uno de los destinos más deseados por esos aventureros, a los que no le importa gastarse los ahorros en una vivencia única, y también atraerá con seguridad a muchos que, aunque no amen el deporte, querrán conocer cómo se vive un evento así en tierras amazónicas y ser parte de la gran fiesta.

"La mayoría de los aficionados que se espera que vengan al Mundial será de América del Sur", contó de manera informal un funcionario de FIFA en Río de Janeiro al charlar de la proyección que manejan para el próximo año. "Los largos traslados desde Europa y Asia pueden complicar, pero en esta región van a intentar llegar, así sea en carro", agregó. La Confederaciones fue brasileña en las gradas; el Mundial será suramericano.

Y si la Vinotinto logra repuntar en la parte final, esperemos que también sea venezolano, pues sus aficionados con certeza invadirán Brasil de lograrse la hazaña. En las conversaciones con los colegas del continente, los comentarios han cambiado. Ya no hay palabras casi condescendientes sobre el auge vinotinto, sino afirmaciones de calidad de un equipo que, en su opinión, merece estar ya en un Mundial.

Observar los estadios brasileños y experimentar el ambiente vivido en la Copa Confederaciones sólo puede animar más a quienes quieren ver finalmente el sueño cumplido, y que así Venezuela ayude a Suramérica a mandar en casa.

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Sobre el autor

Carlos Daniel Avilán

Periodista egresado de la UCAB. Cubrió los Mundiales Alemania 2006 y Suráfrica 2010. Eurocopas Austria-Suiza 2008 y Polonia-Ucrania 2012.

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