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Ejemplos de intolerancia

Los recientes movimientos de los venezolanos en el mercado europeo y la polémica creada por el seleccionador César Farías dejan ver de algún modo la intolerancia que reina no sólo en el deporte moderno sino en la sociedad venezolana, incapaz en muchas ocasiones de ver la validez del argumento contrario al propio.

La salida de Salomón Rondón del Málaga al Rubin Kazan fue vista por muchos aficionados como un paso atrás, sin tomar en consideración las circunstancias. Y la cesión de Miku del Getafe al Celtic también empezó a levantar interrogantes en otros, con un enfoque limitado a la comparación entre ligas y no los beneficios que le pueden aportar al jugador. En el mercado europeo actual, influenciado por la determinación de UEFA de establecer el fair play financiero, se han visto cosas más extrañas. Que Bayern Munich pagara 40 millones de euros por Javi Martínez o el Manchester City estuviese dispuesto a entregar 20 millones por Javi García es una excepción en una era en la que un gran derrochador como Real Madrid prefiere recurrir a la modalidad del préstamo para reforzarse con Michael Essien.

En ese mercado se dieron los movimientos de Rondón y Fedor, quienes quisieron aprovechar su buen momento para obtener recompensa.

El primero se convirtió en el traspaso más caro de un futbolista venezolano en la historia y el segundo tomó la opción de la cesión para llegar a un equipo con aspiraciones mayores. Si sus decisiones fueron buenas o malas sólo el tiempo lo dirá con exactitud pero nadie más consciente de la importancia de ellas que los propios futbolistas, los principales beneficiados o perjudicados del cambio.

Sus decisiones, a la vez, incidieron en el panorama de las dos principales competencias de Europa en sus fases de grupos. En la Liga de Campeones estarán Ronald Vargas y Miku ­gracias a esta decisión-, mientras que en la Europa League habrá siete venezolanos, entre ellos Rondón. Nunca había tenido el aficionado venezolano la posibilidad de seguir a tantos compatriotas en los torneos de la élite europea. Entonces, tan malo no puede ser todo.

Supera la exigencia a la realidad a veces. Y eso es lo que en muchas ocasiones han reclamado Richard Páez y César Farías a la afición en el premundial. Lo que nos lleva al segundo ejemplo de intolerancia reciente: la polémica de la Vinotinto y su última convocatoria.

Farías tenía una intención al levantar esa duda en torno a sus figuras y su compromiso.

El resultado de esa estrategia está por verse. La repercusión de sus palabras, sin embargo, deja huella en jugadores, prensa y aficionados. ¿Es un crimen contra la patria no asistir a un amistoso por la presión de los clubes? De ser así, se perpetró con increíble frecuencia en los últimos años con la anuencia de Páez y también Farías. Arango, de hecho, pasó períodos prolongados sin jugar amistosos y la gente aprendió a aceptarlo como parte del costo de tener a una figura en las mejores ligas del mundo. Farías usó ese argumento de forma confusa para aludir también a desconcentración e indolencia en el partido anterior contra Chile. Hizo su puesta en escena y después desconoció su propia obra, porque ya había logrado atraer la atención que necesitaba para enviar su mensaje, uno que probablemente no tuvo efecto antes en privado al exigir disciplina. Su expresión pública de intolerancia, honesta o exagerada adrede, también se hizo presente en un momento en el que la selección se encuentra todavía muy cerca de su gran objetivo. Ahora deberá entenderse con sus jugadores. ¿Es ese el camino para lograr algo? Si existe la tolerancia, hay que aceptar también que esa sea una forma de gestión y esperar que haya servido de algo.

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Sobre el autor

Carlos Daniel Avilán

Periodista egresado de la UCAB. Cubrió los Mundiales Alemania 2006 y Suráfrica 2010. Eurocopas Austria-Suiza 2008 y Polonia-Ucrania 2012.

Histórico