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Fuera de órbita

Carrie sufre una campaña de acoso escolar en la adaptación de Kimberly Pierce del clásico de terror dirigido por Brian de Palma. La película original data del año 1976 y resume el estallido social de una década convulsa, afectada por la renuncia presidencial, el síndrome de Vietnam, la liberación femenina, el apogeo y el declive de la contracultura. La versión de 2013 sumerge al espectador en el inconsciente colectivo de los baños de sangre de la generación del milenio.

El bullying hace de la protagonista un monstruo, una bomba de tiempo, cuyo germen de odio se incuba tanto en el hogar puritano como en el salón de clases. El filme es un didáctico y moralista llamado de atención para padres y representantes, con el fin de evitar otra masacre de Columbine. La chica desencadena una pequeña reacción atómica en su comunidad, valiéndose de sus poderes telekinésicos y después de ser sometida al escarnio público.

La exposición mediática, a manera de burla inquisidora, funge de transmisor maligno de una cadena de violencia, sin posibilidad de redención y autocontrol. La intolerancia se propaga por las pantallas digitales, engendrando resentimiento y venganza en la víctima de la cacería de brujas. La directora señala a la madre como uno de los chivos expiatorios de la trama. Es el ángulo débil del guión. Pero el final escapa del camino de la esperanza, al anticipar la repetición del ciclo de la catástrofe. Por tanto, la Tierra sigue temblando para las mártires de las cintas de hoy en día, así como el espacio puede ocasionar la terapia de choque de Sandra Bullock en Grave- dad , a la cadencia de las coreografías orquestadas por Alfonso Cuarón.

Técnicamente, el largometraje respira el polvo cósmico de los virtuosos de la imagen en 3D. Cada plano secuencia invita a la audiencia a descubrir la potencialidad del cine estereoscópico, desde la profundidad de campo hasta los efectos de relieve. La cámara flota alrededor de los personajes, sembrando el encuadre de acertijos simbólicos para descifrar. La creatividad desbordante de la fotografía imprime el aura utópica y optimista del autor sobre el futuro de la condición humana y del séptimo arte.

Por ello, la obra es acusada de blanda y manida. Ciertamente, la altura del desempeño formal minimiza el esquemático alcance del libreto, ceñido a la escafandra del relato de superación de la adversidad.

El antecedente de 2001 puede explicar el origen de la falla de Gravedad . Kubrick apostó por completo a la ambigüedad, a la madurez de la ciencia ficción, a la poética del silencio, a la crítica hacia la inteligencia artificial.

Cuarón llena la banda sonora con música reductora y diálogos populistas, echándole la culpa a los villanos de costumbre. Los rusos desatan el conflicto de la trama, al destruir una base propia, reactivando viejas fobias, traumas y paranoias de la guerra fría. Ahora los chinos son los aliados en la cruzada interestelar. A partir de ahí se desploma la contundencia del desarrollo dramático. Solo queda disfrutar del viaje audiovisual y aguardar por el predecible desenlace de recuperación de la estima perdida. En conclusión, Houston, volvemos a tener problemas en Hollywood.

La meca parece estancada en su juego eterno de reciclar los mismos paradigmas. Permiso para abortar la misión.

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Sobre el autor

Sergio Monsalve

Crítico, documentalista, profesor, director y coproductor del programa de radio, Cinerama

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