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En el año 2011 Morgan Spurlock estrenó The Greatest Movie Ever Sold , sátira documental sobre la producción de una película confeccionada al gusto de una serie de anunciantes. El filme era una descarnada respuesta a una tendencia de Hollywood encabezada por títulos como Náufrago , Love and Other Drugs y Aprendices fuera de línea , intoxicados por la omnipresencia de una marca al punto de definir la agenda del mensaje. A propósito, los especialistas discuten el verdadero alcance de la fórmula. Para muchos es un cuchillo de doble filo.

Según Paula Martínez, hay casos de éxito como el de Top Gun y el modelo de lentes de aviador utilizado por el protagonista de la pieza. El sello Ray Ban obtuvo ganancias millonarias gracias a la plataforma de la cinta concebida por Jerry Bruckheimer, el principal mercader del templo de la meca. Pero también conocemos de fracasos.

Al respecto, Casino Royale es ejemplo de un cine lastrado por sus compromisos corporativos. El foco de la historia se extravía entre la maraña de avisos comerciales, nada sutiles. La audiencia acaba por rechazar el estímulo. La teoría de la aguja hipodérmica, impuesta por los malos sistemas de propaganda, volvió a demostrar el error de cálculo de los buscadores de consenso. Sin ir demasiado lejos, Muchacho soli- tario significó un esfuerzo estéril de aprovechar la popularidad de los hermanos Primera para incrementar las ventas de una fábrica de refrescos.

El asunto viene a cuento por el lanzamiento de Papita, maní, tostón , ópera prima de Luis Carlos Hueck al servicio de un conjunto de patrocinantes. Los minutos iniciales auguran una comedia de enredo con cierto nivel técnico y creativo. La secuencia de créditos, al principio de la función, debe ser una de las grandes en su estilo dentro del campo nacional. La cámara lenta, las panorámicas, los detalles y el diseño sonoro anticipan un espectáculo de altura, un batazo a las gradas del género.

Conforme evolucionan las tramas y las acciones trilladas de folletín, el conocedor de la materia empieza a descubrir los defectos y las costuras del partido de pelota. El audio pierde sincronía con las bocas de los personajes principales, así como los chistes arrastran una pesada carga de demagogia televisiva. Del humor ingenuo pasamos al homofóbico en la idea de complacer al fanático. Varios conceptos de interés son tratados de manera superficial y esquemática: el respeto por el otro, la necesidad de compartir con el rival de turno, el valor de la amistad.

Papita, maní, tostón abriga una sana intención de abrir puentes en un país polarizado y agrietado, exponiendo la moraleja del amor imposible. El caraquista conquista el corazón de la magallanera y ambos aprenden a lidiar con sus diferencias.

Una lección para el futuro inmediato de Venezuela.

Con todo, el saldo es desfavorable. Las situaciones terminan resultando tan gratuitas y forzadas como las entradas de los auspiciantes. Al final cuesta desligar el discurso del mero reclamo publicitario. Ciertamente, los jóvenes realizadores supieron entender las reglas del juego en tiempos de crisis y control administrativo del espectro mediático. Ahora pensamos mejor en las condiciones de explotación y levantamiento de las empresas audiovisuales. La pregunta es si ello beneficia la calidad de los contenidos.

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Sobre el autor

Sergio Monsalve

Crítico, documentalista, profesor, director y coproductor del programa de radio, Cinerama

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