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Star Trek: en la oscuridad es una película de acción y ciencia ficción dirigida por J. J. Abrams | El Tiempo / Colombia / GDA

Star Trek: en la oscuridad es una película de acción y ciencia ficción dirigida por J. J. Abrams | El Tiempo / Colombia / GDA

L a cartelera emite señales de alarma en la pantalla. A menudo cobran la forma de expresiones fantásticas de la época, al borde del cataclismo. Hoy adoptan la escala de monumentos digitales de la ciencia ficción, inspirados en el pasado efectista de Meliés y el no futuro del legado posmoderno. Así acontece el ensamblaje del entretenimiento puro y duro con el apocalipsis de la senda distópica. Específicamente, advertimos la llegada de tres representaciones virtuales de la realidad de la civilización a la deriva. De menor a mayor rango, las iremos descifrando. El eslabón débil de la cadena recibe el título de La huésped , malograda versión de la novela homónima de Stephenie Meyer. Si ella fue capaz de sepultar la credibilidad de Bill Condon en Amanecer , ahora hace lo propio con Andrew Niccol, otrora consentido de la meca por sus éxitos en Gattaca y Lord of War . Al realizador debemos reconocerle oficio para acometer empresas de alto presupuesto. Sin embargo, su encargo del año aniquila cualquier atisbo de personalidad por culpa del argumento manido, concebido para complacer a los fanáticos de la saga Crepús- culo . Ya no es la batalla de los vampiros y licántropos, sino la cruzada de los alienígenas en contra de los humanos. Del manual del romanticismo adolescente surge la fórmula del amor imposible para establecer el conflicto de la trama. Muy por debajo del libreto se lee un comentario melancólico sobre el incierto destino del planeta Tierra, controlado por una tiranía cibernética.

Pero el desenlace edulcorado y el desarrollo melodramático desvían la ruta de la complejidad hacia el despeñadero de las series juveniles de televisión. En un peldaño superior se ubica Titanes del Pacífico , dirigida por el mexicano Guillermo del Toro. Globalizada y multicultural, la película somete a revisión el concepto animado de las fuentes asiáticas de la posguerra, acoplándose a las bases del cine de la bomba, tras Hiroshima y Nagasaki, cuando emergieron las diversas mutaciones de Godzilla , entre el kitsch de la explotación y el misticismo del estudio Ghibli, sin olvidar la escuela contemporánea de Cloverfield. Titanes del Pacífico articula sus citas a placer, dándoles una vuelta cínica y artística, jugando con el tema del fin del mundo. Los robots sufren un verdadero calvario para vencer a una legión de monstruos depredadores.

Por supuesto, deslumbra el derroche técnico en 3D, al precio de pasarle factura a la profundidad del guión. El desenlace es un decepcionante regreso a los peores rasgos bélicos de Día de la Independencia , Superman y Transformers . Es absurdo culminar con una detonación atómica como solución desesperada del entuerto.

Problemas similares aquejan a la estructura de Star Trek en la oscuridad . Con ella, J.J. Abrams se gana su fama de alumno aventajado de Steven Spielberg.

Naturalmente, sube de nivel y desciende al tomarse en serio las lecciones del rey Midas. Le compramos su acertada metáfora de la ética de la guerra en tiempos de terrorismo. Para el filme, el enemigo es producto de la corrupción interna y la ambigüedad moral de los conductores de la nave Enterprise. Claro espejo del barco accidentado de la democracia en boga.

Le cuestionamos el perfil complaciente de su final.

La brújula de la consistencia sigue averiada.

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Sobre el autor

Sergio Monsalve

Crítico, documentalista, profesor, director y coproductor del programa de radio, Cinerama

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