• Caracas (Venezuela)

Al instante

blog-head

Gandhi versus las Panteras Negras

La épica de la resistencia era una nación clandestina del cine. A golpe de metralla, Gillo Pontecorvo la inaugura con La Batalla de Argel. Entonces los realizadores comprometidos con la causa deciden filmar la actividad subversiva alrededor del mundo. Pino Solanas y Octavio Getino ruedan la obra maestra La hora de los hor- nos. El cerebral Chris Marker estrena la polémica El fondo del aire es rojo, síntesis de los efectos colaterales de Mayo del 68. Venezuela no se queda atrás, cuando Ugo Ulive dirige las feroces denuncias de Basta y TO3.

El circuito oficial solo responde desde la censura y la condena moral. Por tanto, los cortometrajes y documentales de guerrilla deben proyectarse en redes subterráneas. Pero no por mucho tiempo. Tras la disolución de las ideologías duras, los apocalípticos son domesticados, al recibir la visa de entrada al paraíso comercial de los integrados.

Hollywood conoce el progresismo con complejo de culpa (Forrest Gump), glorifica el terrorismo (V de vengan- za) y financia la rebeldía en venta (Asesinos por natura- leza). Ahora la disidencia es cool, la moda de la temporada. El Estado y la industria aprendieron la manera de neutralizar a sus potenciales opositores. Si no puedes contra ellos, pues úneteles y compartes las ganancias.

Por supuesto, hay una ligera diferencia con el pasado.

Las primaveras del presente en la pantalla ya no huelen a manifiesto de agitación, sino a relato romántico de redención de los héroes olvidados y los pueblos oprimidos por "Grandes Hermanos". Es decir, la imitación ligera y líquida de una esencia radical de los años sesenta. Aunque no le guste a Vargas Llosa, las reglas de la civilización del espectáculo se imponen en la cartelera. Así llegan las curiosas proclamas insurgentes del fin de año: El mayordomo y Los Juegos del Hambre: en llamas, regalos anticipados de Navidad para el mercado alternativo. Chicos de la izquierda y de la derecha los consumen con su combo de cotufas y refresco. No hay razón para inquietarse. El circo romano de la globalización los instrumentará como un teatro griego. Dependiendo del grado de depresión, usted hará catarsis con ellos. Ambos merecen encuadrarse en las filas políticas del Yes We Can. El caso de la primera cinta es demasiado obvio.

Un sirviente afroamericano contempla el desfile de presidentes caucásicos por la Casa Blanca. El filme establece un claro paralelismo entre la condición del protagonista y la evolución de un país dividido por conflictos raciales. La obra compara las teorías de Malcom X y Martin Luther King. El personaje principal apuesta por la vía pacífica del aguante silencioso y obtiene una recompensa al presenciar el triunfo de Barack. Ejemplo valioso de constancia y de saber perdonar los errores de los amos confundidos.

Igual los críticos la relacionan con La cabaña del tío Tom y no le disculpan sus brochazos de pintura gruesa. A lo mejor es preferible adaptarla a la visión de Mandela. Lo peor sería el desenlace almibarado y partidista a favor del líder de turno. Obama lleva años decepcionando a su electorado. En cambio, la segunda parte de Los Juegos del Hambre vuelve a quemar sus naves por una salida violenta, justificada por las medidas represoras de la dictadura. El dilema es poner la otra mejilla u organizar la sublevación.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

  • Addthis Share:

Sobre el autor

Sergio Monsalve

Crítico, documentalista, profesor, director y coproductor del programa de radio, Cinerama

Histórico