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Evangelio del pecado

Marialy Rivas: “A pesar de que mi país es conservador, Joven y alocada le gustó al público y nos hizo sentir modernos a los chilenos” | Foto Cortesía Circuito Gran Cine

Joven y Alocada causando polémica | Foto: Cortesía Circuito Gran Cine

La historia de hoy comienza en la posguerra, pasa por la batalla de Chile y termina con la era de Internet. Dos jóvenes escritoras son el hilo conductor del periplo trazado desde el pasado hasta el presente. La primera encarna a la protagonista de Ginger y Rosa , cuya duda existencial la lleva a preguntarse si es posible la poesía después de la hecatombe atómica. Corre el año de 1962 a la sombra de la crisis de los misiles. De forma clara, la película absorbe el impacto de las nuevas olas de la vanguardia europea. La secuela radioactiva de Hi- roshima mon amour contagia el acabado plástico de la cinta dirigida por Sally Potter, escoltada por la magnífica actuación de Elle Fanning. El pacifismo, el cultivo del intelecto, la brecha generacional, el descontento y la angustia definen el sentir del personaje femenino principal. La chica sufre de complejo de Edipo e identifica el miedo a la bomba con la destrucción de su seno familiar, acechado por los dilemas del pensamiento libertario. El padre cree firmemente en ideas de orientación anarquista, al desentenderse de sus deberes en la casa. Abandona a la esposa y se compromete con la mejor amiga de su hija.

Así deviene el estallido negativo de la trama. El tercer acto perjudica la función.

Acusaciones de telefilme condenan la posición del amante de la Lolita, bajo el chantaje emocional de un mar de lágrimas y situaciones de folletín anticuado.

Aquellas buenas intenciones del inicio quedan anuladas por el sesgo de la conclusión moralista, entre el fracaso del progenitor infiel y el reclamo de la aspirante a Simone de Beauvoir. Un pie hacia delante y cuatro para atrás. Valoramos la crítica melancólica de las tesis de la época. Objetamos la fuente conservadora de la impugnación. Ginger y Rosa acaba situándose en la retaguardia. El futuro se titula Joven y alocada , una de las pocas obras maestras de 2013, producida por el gigante de No , Pablo Larraín. La ejecuta otra chica aventajada, Marialy Rivas, influida por la modernidad de Godard. La naturaleza rompedora del largometraje contrasta con el estándar discreto de las demás piezas del Festival de América Latina. A su lado, El niño que huele a pez apesta a rancia sustitución de importaciones, hablada en inglés para conquistar el mercado anglosajón. Lo mexicano se diluye en ella. Sucede al revés con Joven y alocada , una ingeniosa manera de plasmar el diario blasfemo, cínico y surrealista de una especie de hermana promiscua de Yoani Sánchez, con acento de Michelle Bachelet. La muchacha comparte sus experiencias sexuales en un blog, a escondidas de su madre castradora, arquetipo del país represivo y puritano a desafiar. La red social sirve de desahogo para el encierro y la incomunicación de la sarcástica adolescente. Cada jornada publica el relato tragicómico de una iconoclasta revisión de los evangelios.

El Buñuel de Belle de Jour y La Vía Láctea aplaudiría el atrevimiento de la creadora del guión. Lección para las ligas de la decencia de la industria criolla. Con destellos hipertextuales y cámaras lentas de Gus van Sant, Joven y alocada abre una rendija de luz al final del túnel de la cartelera. Es la esperanza por la reafirmación de la independencia y la identidad, sin reparo en la censura de los inquisidores de ayer y siempre.

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Sobre el autor

Sergio Monsalve

Crítico, documentalista, profesor, director y coproductor del programa de radio, Cinerama

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