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Dilemas del Festival de Cine Francés

Tres parejas francesas desembarcan en las costas desérticas de la cartelera. La primera de ellas protagoniza el telúrico largometraje de Jaques Audiard, De óxido y hueso , experiencia física de alto impacto dramático. La dirige el mismo autor de El profeta , valorada por el público venezolano. Dos intérpretes de fuelle comandan las acciones de la puesta en escena: una hermosa y frágil Marion Cotillard, un duro y pendenciero Matthias Schoenaerts. El ángulo manido del guión los quiere juntos por el azar del destino, como polos opuestos de un mundo a la deriva, marcado por la soledad, el desarraigo y la explotación laboral. Son víctimas de la crisis y sufren sus embates en carne propia. Ella queda mutilada de por vida, tras fungir de animadora de un espectáculo de ballenas asesinas. Él arriesga el pellejo, a punta de golpes, para mantener a su hijo. De entrada, nada muy alentador.

Conocemos de historias así por títulos de superación de la adversidad como The Warrior . Empero, el director logra dotar de personalidad a su argumento de autoayuda por medio de un sofisticado empaque de pinceladas naturalistas a cámara lenta. Sobrecoge el encuentro lírico de la chica con la orca, en un retrato de la mujer delante de un espejo de su condición animal oprimida por el encierro. Resuenan los ecos de Werner Herzog. Por último, sacude la denuncia del espionaje corporativo, adherida a la causa de Cantet para Recursos Humanos . Con todo, el final huele a promesa de Carlos Fraga al cojear por una pata endeble. El desenlace feliz, con el niño incluido, echa por la borda el resto del contenido. Pasamos de lo rudo a lo cursi. A propósito, A corazón abierto cae aún más bajo y ni siquiera el buen desempeño de los actores principales la salva del abismo del ridículo. La cinta se pretende una radiografía del tormento de las relaciones truncadas por el alcohol, la maternidad indeseada y el choque de identidades disímiles. En realidad, el complejo de intensidad a juro esconde una óptica conservadora y trillada de culebrón. Dando pena ajena en el quirófano de turno, la telenovela concluye al modo de una operación alarmista, supuestamente poética. A la postre, nos recomiendan no casarnos con latinos y menos si tienen afición por la bebida. Desde El vuelo vienen dispensándonos tragos amargos igual de puyados con licor de aroma racista y reaccionario. Notable diferencia con la generación francesa de antaño. Chabrol abrigaría otra postura. De ahí la inmensa brecha de separación entre Copia certifi- cada y las demás piezas del festival del mes. Kiarosmati filma una verdadera obra de arte contemporánea, basándose en el precedente de Te querré siempre de Rossellini. Como Walter Benjamin, el realizador iraní se pregunta por el estatus de la creatividad cultural en la era de la reproducción mecánica del objeto estético.

Para mayor fortuna, ilustra su teoría de forma luminosa, abstracta y simple, contando con el respaldo de la Gioconda Juliette Binoche y del Joyce William Shimell, álter ego del genio detrás de la cámara. El minimalismo abre la puerta de la ambigüedad. Con escasos recursos, descubrimos una auténtica interrogante en la pantalla. ¿Es preferible el amor por la apariencia de duplicado o la esenciva del original? He ahí la cuestión.

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Sobre el autor

Sergio Monsalve

Crítico, documentalista, profesor, director y coproductor del programa de radio, Cinerama

Histórico