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El quinquenio

Cuando las demandas del día a día superan cualquier posibilidad de análisis de lo que va ocurriendo, solemos no reparar en las resonancias de lo sucedido. Envueltos por la carrera cotidiana sucumbimos a la voracidad de un tiempo indomable, atrapados por las centelleadas de una lucha entre los lineamientos de nuestros ideales y las urgencias de la supervivencia en contextos extremos. A veces una sonora insistencia reconduce la armonía de ciertas trochas, sabemos que algo quedará de todo aquello, o por lo menos eso esperamos durante el lapso de una batalla feroz que exige la atención total de todos nuestros sentidos.

Olvido, eventualidad, desconocimiento, apatía, barbarie. Inhumanidad de un itinerario que no nos permite mirarnos, espasmos de un estertor que evita el reconocernos en la detención saludable de las diferencias encontradas y las distancias comunes. De estos elementos y de otros desórdenes vigentes estuvo impregnada la voluntad que desde La Caja del Centro Cultural Chacao se propuso alinear esfuerzos para exhibir, hasta el 18 de noviembre, la valiosa producción que durante estos cinco años ha llevado adelante El Anexo, uno de los más modestos pero decisivos espacios de investigación del arte contemporáneo que existen en la actualidad.

Durante el proceso de montaje varias aristas pusieron en evidencia la sorpresa que brindaba no sólo un espacio museográfico más grande, sino también y con mayor contundencia el necesario ejercicio de historiografiar las rutas trazadas por los curadores Félix Suazo y Gerardo Zavarce. Lo que iba apareciendo revelaba lo construido junto con los 21 artistas que los acompañan: un camino consciente y crítico sobre un arte que partiendo de su contexto, así como de los quiebres y vicisitudes que el entramado cultural, político y social ha padecido en este período, se levanta en el espacio para reflexionar y extender las metáforas de un intercambio entre sus intenciones y el afuera. Como punto crucial destacan las mutaciones formales y los recursos visuales inéditos que en cada una de las obras, a la vez que denotan consideraciones ante una realidad compleja, también desajustan los modos habituales del arte, insertando en la propia metodología la construcción o el ensamblaje material de ese extraño ruido que las solicita y las ha hecho posibles.

Un arte distinto para decir cosas que permanecen ocultas, parecería ser la frase idónea que cruje por todo el recorrido. Riesgos de una imagen lejana que se transmuta subterráneamente hasta nuestros días, asaltada por sucesos similares en nuestra historia y evidenciada por dos referencias capitales que encontramos en sala: los testimonios de Claudio Perna en el Arte en vidriera del año 1976 y las repercusiones del proyecto postal La Célula que en 1972 selló y distribuyó Diego Barboza. Una acentuada cronología de todas las muestras de El Anexo bordea la parte baja de las paredes, mientras en agudo contrapunto el zurcido de esta información se ve reforzado por las noticias del día que irónicamente acompañaron las páginas de nuestra prensa nacional y que de algún modo entran en relación directa con las propuestas de los artistas. Una exhibición que subsana y recrudece inquietudes urgentes de un país en constante ebullición y que nos recuerda, ahora más que nunca, el valor de un arte que no cede frente a las peligrosas fachadas de entornos ambiguos, oportunistas y vacilantes.

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Sobre el autor

Lorena González

Curadora e investigadora de arte contemporáneo.

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