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Cinco miradas y un enlace

Unas cuantas semanas luego de la inauguración de la tercera edición del Taller Curatorial Experimental que lleva adelante Periférico Caracas/ Arte Contemporáneo, un observador allegado y acucioso me comentaba con cierta inconformidad su percepción de los resultados: “La verdad es que es más de lo mismo; otra vez la revisión de archivo, la foto, el papelito del pasado y todo ese tema como documentalista que ya está repetido”. No habiendo yo visitado la muestra para aquel entonces, guardé silencio y esperé tener una percepción más cercana de la situación curatorial.

Es cierto que hay temáticas que agotan por su impericia; sin embargo, debo confesar que al entrar a la sala de exposiciones una grata sensación de unidad abrazaba a aquellas propuestas habilitadas en el espacio museográfico; unidades de análisis heterogéneas que corrían en equivalencia; perspectivas distintas acompasadas por preocupaciones cardinales que de algún modo han agobiado los silencios de nuestro pasado más cercano: un tiempo de azares apocalípticos, de superposiciones irregulares, de destierros simbólicos y verdades sepultadas por la manga sórdida del fundamentalismo de turno.

Así, el proyecto abrió con Continuidad y ruptura, experiencia donde Iván Candeo y Rodrigo Figueroa se apropiaron del pulso de las armazones políticas de la historia venezolana en iconografías fotografiadas y reeditadas por ellos, acción con la que no solo establecieron una vertiente crítica de nuestro ser histórico-social sino una ampliación in situ de las polémicas en torno a la figura del curador como artista. Para Claudia Garcés fue la memoria el eje infinito que desde la potencia del archivo como constructo actual de nuestras sociedades se diversificó en piezas donde la Mnemo-praxis actúa como forma y concepto, relato identitario que tan solo se evidencia en el fragmento ausente, en la metáfora visual develada por los propios abismos transitivos de la obra.

En el caso de Algo/ritmos: código y poiésis, Helwing Villamizar desentrama las cadencias de la serialización de la cultura tecnológica en un panorama que revisa las posibilidades de la programación como estrategia vital de creación; uniendo lo simulado y lo genuino, extiende lecturas diversas donde formatos e intenciones se desplazan y se agrupan, orquestando nuevos protocolos para una era en la que “lo computacional” es espejo y reflejo de nosotros mismos. Junto a él, el proyecto de Néstor García bajo el título Crónicas desde el arte revisa los linderos del reportaje visual como una de las formas de análisis de las problemáticas del entorno en una columna vertebral de abarca piezas del siglo XIX de Joseph Thomas y Juan Lovera hasta series recientes de creadores como Iván Amaya y Argelia Bravo.

En Desplazamientos, cruces y coincidencias el arquitecto Miguel Braceli traza la cita y reconstrucción de un proyecto artístico de Magdalena Fernández junto con sus alumnos de la UCV, experiencia que multiplicó y expandió las posibilidades entre arte y arquitectura como el reflejo delator de una ciudadanía en transformación constante. Finalmente, destaca la increíble propuesta que brindó el enlace expositivo de todas las anteriores: el proyecto formativo de Inés Yanes y Eleonora Requena, quienes desde la adecuada y potente sencillez de la palabra y en una lectura íntima, profunda y honesta, levantaron en sala el sensible hilo que agrupó todas las intenciones, para multiplicarlas en el encuentro crucial que luego desplegarían con el espectador.

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Sobre el autor

Lorena González

Curadora e investigadora de arte contemporáneo.

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