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Sistema nervioso

Algunos focos de la realidad lanzan sus enlaces a contrapunto de preguntas que repican en las zonas ocultas de la especulación, susurro que se trama más allá de uno, convenio oculto ejecutado entre la imagen, el suceso y las diversas fases de lo presente-ausente, de lo terriblerevelador. En estos preámbulos turbulentos pasan los minutos como pesados fustigadores de una palabra que deberá escribirse, aunque ella misma no sepa cómo hacerlo.

Hace unas semanas amplié en esta columna reflexiones en torno a la violencia como el tema crucial que deberá regir las consideraciones estatales de 2014. Poco tiempo después, como negros metales que cercenan las luminarias del paraíso tropical característico de estas tierras, las balas continuaron su desplazamiento para apuntar con desdén en los pasos circunstanciales de la joven actriz Mónica Spear; un crimen, casi un sacrificio que levantó la indignación nacional y que parece haber despertado las alarmas gubernamentales y el estado crítico de un contexto que fractura a mansalva la vida de miles de venezolanos.

¿Será que por fin se unirán las voluntades? ¿Por dónde podrá atraparse semejante desbordamiento? En esos días recordé un intercambio que tuve con la fotógrafa colombiana Beatriz Vargas cuando hacía una residencia en la Organización Nelson Garrido. Eran los inicios del gobierno de Chávez y tomábamos un café en la panadería Selva. En un momento interrumpió la conversación para preguntarme por qué había tanta gente armada y me hizo reparar en todas las personas que en el lugar portaban una pistola. Ante mi asombro comentó: "Es una lástima que esto esté sucediendo, así fue como se inició la peor etapa de la violencia en Colombia. Luego de que los llenan de armas no hay forma de volver atrás".

El problema radica allí: representaciones forzadas de una autonomía aparente, de un protagonismo voraz y rencoroso, de un populismo que se ha caracterizado por aprobar la transgresión de todos los límites como la forma de participación, sin reparar en que podía llegar ­y ha llegado­ el irrespeto no ya por las propiedades o los objetos, sino por la vida del otro. Son ya muchos años de un discurso anclado en esta oscura paradoja, en formas que han promovido el menosprecio, la usurpación, el abuso y el caos para darle asistencia a las zonas fracturadas, sin educar e integrar verdaderamente a todos los factores de la sociedad.

Entre las barajas inconexas que aparecieron esta semana, una última vino como un estallido a abrazar las inquietudes. Fue un encuentro con el libro Sistema nervio- so que la fotógrafa Bárbara Brändli publicó con la Fundación Neumann en 1975, con textos de Román Chalbaud y diseñado por John Lange. Allí, una ciudad trémula se presiente entre las sombras de los grises, los carteles ocultos, los pasos habituales y las resonancias de verdades y dolores extraviados. El último texto de Chalbaud apunta: "La ciudad es también la casa del otro, el hijo del otro, el libro del otro. Están allí y nos atañen. Son nuestros también. Por más extraños que parezcan".

Frente a los problemas que ya existían hace 39 años, en este país se consolidó un sistema de gobierno empeñado en ejercitar la confrontación, la pugna y la batalla. Poco hemos podido resolver. Hoy la guerra llegó y está en la calle.

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Sobre el autor

Lorena González

Curadora e investigadora de arte contemporáneo.

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