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El balance

Cambios... Para las artes visuales 2013 fue un año tan complejo como prolífico. Tanto las iniciativas privadas como los proyectos independientes, los entornos municipales y las instituciones del Estado experimentaron el movimiento, la transformación, los ascensos y los declives de un ciclo que se caracterizó por una actividad casi telúrica: grietas, quiebres, levantamientos y formaciones asentadas estuvieron acechando las rutas del trayecto.

Los adelantos quedaron marcados por alianzas, representaciones colectivas y actividades particulares. El arte más emergente resaltó con contundencia en las regiones del país, teniendo los lugares más activos de exhibición en ciudades como Maracaibo y Valencia a través del apoyo estatal y privado a las iniciativas de artistas gestores, entre los que destacaron el colectivo valenciano esteespacionoesmio y los integrantes marabinos de la galería Al borde.

De las individuales con mayor resonancia fue la muestra de Deborah Castillo la más controversial. Con el título Acción y culto , las reflexiones de las estrategias del poder en torno a la figura de Bolívar que presentó en La Caja a comienzos de 2013 fueron seguidas y criticadas de cerca por los medios oficiales del país. Finalizó su periplo con la censura pública que la Embajada de Venezuela en Bolivia le hiciera a esta exhibición participante en la 8° Bienal Internacional de Arte Siart.

Entre los irreverentes de trayectoria fue Carlos Zerpa el más convocado con Balas de plata en la galería La otra banda de la ULA y luego en el Maczul, Bad Rabbits en la Offene Galerie Ardizón de Austria y Días líquidos en el Centro Cultural Chacao, uniendo a esta activa labor la edición del libro Balas de plata por la Galería Braulio Salazar y el homenaje que se le rindió en la Fiaam de Maracaibo.

Accionando entre estos dos puntos destacó durante todo el año la actividad consecutiva de dos alternativas institucionales: las diversas lecturas del arte venezolano en el Espacio Mercantil y los proyectos expositivos de la Sala Mendoza, lugar que a través de una renovada gestión no solo activó luego de una década de inercia el Premio Mendoza (uno de los principales salones de arte contemporáneo del país desde los años ochenta), sino que dio cabida en toda su programación a colectivas emergentes, conceptualistas de referencia, artistas reconocidos y talentos inéditos.

Las instituciones del Estado con mayor presencia fueron el Museo Cruz Diez, el Museo Alejandro Otero y el MAC; este último con una programación constante entre las que destacaron individuales como la de Franco Contreras y Federico Ovalles-Ar, retrospectivas como la de Víctor Valera y actividades diversas de videoarte, arte digital, talleres de mapping, conferencias y encuentros.

Las bajas se dieron en la desaparición de espacios de referencia situados en el Centro de Arte Los Galpones como la Galería Fernando Zubillaga y el cierre del núcleo más contundente del arte actual: Periférico Caracas Arte Contemporáneo. Todo esto unido a programaciones volubles en lugares como BOD-Corp Banca, el Museo de Bellas Artes y la Sala TAC, o a la prometedora asignación de Edgar González como presidente de la Fundación Museos Nacionales, situación que tiene todos los cargos directivos a la orden y el destino de este ejercicio en estado potencial.

Así, la apertura hacia 2014 se inicia plena de incertidumbres, una historia próspera o inferior que aún está por escribirse.

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Sobre el autor

Lorena González

Curadora e investigadora de arte contemporáneo.

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