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Terry Smith

Terry Smith es un artista inglés que ha tenido una presencia muy particular en el mapa de las artes venezolanas. Creador de trayectoria, su centro de trabajo ha sido la intervención arquitectónica y espacial a través de un amplio abanico que incluye el video, la acción, el sonido y el performance. La primera vez que lo conocimos fue en el año 1995, tiempo clave para el arte contemporáneo venezolano, cuando se inauguró una de las muestras más inquietantes de aquella década: Intervenciones en el espacio. Con la curaduría de María Elena Ramos, 11 artistas dialogaron con el área del MBA, consolidando un conjunto de obras que se integraron a la estructura del edificio.

La obra de Smith causó una conmoción substancial por ser la única que utilizó la demolición de la fachada, levantando la superficie del friso en el muro que une el edificio antiguo con el nuevo. La acción de revelado de esta sombra estructural, su transitiva levedad y su repentina manifestación serían de nuevo noticia hace unos años, cuando el personal del museo debió suprimirla por una filtración que deterioró la pared completa. En el año 2011 la investigadora Lisa Blackmore lo convocó a intervenir un edificio en Sabana Grande cuya estructura cíclica fue abordada junto a estudiantes de canto, con quienes construyó la acción sonoro-espacial Caracol. A partir de este intercambio las resonancias continuaron su curso para ofrecernos hasta el próximo domingo la muestra Moving target, 18 proyecciones y 10 videos en monitor donde podemos experimentar un amplio panorama de la obra de este destacado creador con la curaduría de María Elena Ramos y la propia Blackmore.

La visita a esta exposición es una tarea ineludible en especial para los artistas, estudiantes e investigadores. Entrar en ella es invitar a la percepción a desajustar sus territorios conocidos para declinar hacia las deconstrucciones de una visualidad fragmentaria e intermitente, entramados transitivos donde la alternancia fractura la linealidad de los grandes discursos de la tradición de Occidente y hace surgir los destellos sonoros de un estado primordial. Estuve en la sala alrededor de dos horas, pieza tras pieza me confronté con los linderos de un sitio profundo donde no sólo la imagen es removida desde sus propios protocolos contemporáneos sino más aún la palabra, desestructurada del logos rector del sentido y suavemente surcada por la fuerza del origen: el gesto gutural, el sonido, la respiración alterna, el ahogo expandido de un momento inicial donde todavía no ha tenido lugar la cerradura representativa de la mímesis.

Poco a poco me conecté con reflexiones necesarias en momentos actuales de estereotipos bulliciosos, gritos fatuos y peroratas extremas cuyas aparentes irreverencias tan sólo repiten las fórmulas regentes. Recordé el comentario que Derridá hiciera en su texto La escritura y la diferencia sobre el teatro de la crueldad de Artaud: "Clausura de la representación clásica pero reconstitución de la representación originaria, de la archimanifestación de la fuerza o la vida. Espacio producido desde dentro de sí y no ya organizado desde otro lugar ausente (...), fin de la interpretación pero interpretación originaria. Representación visible contra la palabra que se sustrae de la vista pero cuya visibilidad no es un espectáculo organizado por la palabra del maestro. Representación como autorrepresentación de lo visible e incluso de lo sensible puros".

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Sobre el autor

Lorena González

Curadora e investigadora de arte contemporáneo.

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