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Ruina y movimiento

"Alineamientos" 1975. (Tomado del libro Fotografía en Venezuela 1960-2000 de Juan Carlos Palenzuela)

"Alineamientos" 1975. (Tomado del libro Fotografía en Venezuela 1960-2000 de Juan Carlos Palenzuela)

En una conversación que tuve con el artista valenciano Luis Noguera intercambiamos algunas disertaciones sobre lo que él consideraba era la crítica de arte en la actualidad, destacando varios rasgos que creía pertinentes a la hora de evaluar las distintas miradas que se han desplegado en el país.

Por supuesto, surgió el nombre de Juan Carlos Palenzuela como una de las figuras más importantes, junto a otros ejercicios que durante un buen tiempo han caminado al alimón de su estilo: una pluma contundente en el decir, profunda en el alto nivel de sus conocimientos y finalmente muy determinante en los rasgos que sobre la producción visual dibujaron los juicios por ella emitidos.

Para Noguera y a contrapunto con mi propio trabajo ­como ya en otras ocasiones han destacado algunos interesados en el tema­, mi escritura crítica se abre desde otras perspectivas, anclada en una experiencia personal, mucho más dialogante desde el lugar propio de la escritura con los movimientos del arte y ­por qué no decirlo­ menos dura. Este argumento que celebraba Noguera lo he escuchado en otras ocasiones desde un lugar muy demandante; extrañando un espacio de mayor empeño sobre los logros o abismos de una propuesta expositiva o de una obra en particular.

No sé muy bien por qué, pero aquella conversación sensible se me quedó dando vueltas. No por sentirme menos o más, ni por creer estar en una línea correcta o errada. En realidad empecé a divagar sobre una franja que llama a la construcción de estilos diversos: ¿pero dónde estará ese lugar? ¿Son estructuras contextuales que quizás perfilen los intereses de una zona amplia de relaciones y que podrían definir las muchas maneras de un período, más allá de las preferencias personales por una forma específica de enfrentarse al mundo? Quizás.

En medio de los embates de esa pregunta tan larga, intenté mirar a fondo mi contexto y el de los otros que me han precedido.

En esa vuelta, nuevos detonantes vinieron al ruedo.

Pensar en el arte actual es una tarea insondable. Escuchar a sus protagonistas lidiando no ya por las pugnas de un pensamiento ante las transformaciones de la materia, sino por la escasez de los insumos que requieren sus ideas o por los grandes costos de producción en nuestro presente, sienta de un solo golpe a lo férreo. Ni siquiera la fotografía, que se había convertido en una de las estrategias de mayor acceso para los artistas, va a poder salvar la parte. Ahora, es casi imposible encontrar papel fotográfico y cuando se obtiene, imprimir es una acción de lujo. Ante contextos como este surge la inquietud del desplazamiento: adónde llegarán las propuestas, cómo se manifestarán en medio de una cartografía tan árida. Algo harán; el arte siempre hace algo en condiciones diversas. A la vuelta, la crítica espera su refutación: ella es semejante; se mueve de lugar, muta con la obra, cambia, transgrede. Tal vez en tiempos de un país estable la palabra podía permitirse la audacia de aniquilar bases y remover de plano todos los estatutos. Hundida por la ruina, hoy tiene que levantarse, no hay más que sacudir el polvo, mirar antes de fondear y hacer lo posible por seguir... A fin de cuentas, ¿qué estructuras podría desvanecer en medio de tanta debacle?

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Sobre el autor

Lorena González

Curadora e investigadora de arte contemporáneo.

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