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Artes visuales

Luis Romero, artista plástico / Foto: Manuel Sardá

Luis Romero, artista plástico / Foto: Manuel Sardá

En medio de los agobios cotidianos de una sociedad que lanza dentelladas constantes, abrumada por los límites impuestos en la sobrevivencia inmediata de una crisis extendida y de desarticulaciones en todos los órdenes del día a día del ciudadano común, el artista Luis Romero nos ofrece en la exhibición Obertura (primera individual del artista en Oficina #1) un conjunto de piezas que profundizan en reflexiones acopladas por el pulso de una vida que hemos olvidado; pasos de un tránsito en absoluta cadencia con la esencia de lo vital, con el transcurrir de una existencia cuyas resonancias y tiempos se hacen sentir y se reflejan en todos los elementos que nos rodean.

En este caso es la noche el epicentro de sus disertaciones; mito y metáfora que revisa a través de la pintura, la gráfica, la escultura y una acción realizada en sala. Diez apacibles serigrafías únicas bajo el título Atardeceres reciben la mirada del espectador, para luego imbricarlo en las poéticas nocturnas de dos grupos de monotipos de un impecable acabado formal; uno bajo el título Fase y otro denominado Bóvedas.

Junto a ellos las metonimias variables de un objeto-acción LAR (objeto sandwich) y cinco emanaciones de la nocturnidad en hierro se unen a la escultura poética Durante el día (la noche), experiencia mediante la cual el artista entrega una impresión litográfica al visitante. Todos estos elementos hacen de esta muestra un ciclo que se abre y se cierra sobre sí mismo; recorrido inusual en el que las partes que la integran se desarrollan a contrapunto de las inquietudes que la inspiran.

Sin embargo, los movimientos visuales del artista no se anclan en la traducción directa del fenómeno de lo nocturno; al contrario y como destaca la curadora Tahía Rivero en su texto de presentación, el descenso del creador se produce en fisuras tramadas entre la realidad y el mito, lo que da cabida en cada una de sus obras a la revelación constante de los contrasentidos de la oscuridad. Descubrir, invertir y amalgamar la emanación de los opuestos no solo del día y de la noche, de la luz y la penumbra; sino también y más allá de allí, de la vida y de la muerte; es la cadencia que respira por entre las filigranas del papel, en los relieves de la tinta, bajo las grietas del material, sobre los bordes serenos y abismados de la representación.

En la propuesta de Romero desempeña un papel importante el que toda la investigación gire en torno al tiempo, al transcurrir como forma palpable de una interpretación, de una manifestación sensible a través del arte de todo aquello que se desvanece. En su captura no hay lucha sino aceptación; lucidez de un presente que ya no está, pero que paradójicamente se hace posible en las marcas indelebles de esa deserción: períodos cortos o largos, recorridos oblicuos, ocultamientos efímeros, fijezas transitorias de todo lo hallado, de todo lo visto, de todo lo vivido. Parafraseando a Maurice Blanchot en su texto El libro que vendrá podríamos agregar que lo que se revela en esta propuesta no es el encuentro del acontecimiento actualizado (la noche), sino la potencia de esa colisión, distancia única en la que surge el lugar ausente donde podría comenzar a engendrarse la irradiación y la verdad de una imagen.

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Sobre el autor

Lorena González

Curadora e investigadora de arte contemporáneo.

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