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La pérdida más grande

27% de los venezolanos menores de 30 años están considerando seriamente irse del país. La mayoría de ellos señalan a la inseguridad como causa para emigrar. Esto,segúnla Encuesta Nacional de Juventud 2013, de la UCAB.

La falta de oportunidades y las altísimas probabilidadesde ser víctimas del hampa son una mezcla poderosa para que nuestros jóvenes busquen fuera de las fronteras del país, aquello que nuestra realidad les niega.

Los jóvenes saben bien lo que no quieren;que puedas morir por un par de zapatos o un celular, que te secuestren y sufras humillaciones , que las calles sean para los delincuentes y debas encerrarte en tu casa a partir de las 9 de la noche. En resumen,que el miedo y la paranoia de la inseguridad te paralice y termine por frustrar tus sueños de una mejor vida.

La pérdida de nuestros jóvenes no solo ocurre cuando dejan el país. Cada año, la violencia homicida mata a miles de ciudadanos entre 15 y 30 años de edad. A esta merma se le suma las cifras los victimarios, en su mayoría jóvenes que terminan perdiéndose en un sistema judicial y penitenciario que no los regenera.

Otro aspecto que poco se menciona es la pesada carga que representan los heridos producto de la violencia y los accidentes de tránsito, en su mayoría personas jóvenes que engrosan las filas de minusválidos y  originan bajas significativas en la fuerza laboral del país.

Una nación la construye su gente y su potencial radica en la población más joven. Es indispensable e impostergable que como país revisemos la dirección hacia donde nos está conduciendo la cultura de la violencia y la muerte que a diario vivimos.

Ante problemas tan complejos no podemos esperar soluciones sencillas, ni generar falsas expectativas con operativos improvisados y efectistas que apenas rozan la realidad. Se trata de producir verdaderas políticas transformadoras que nos encaucen a la revalorización de la vida. Me atrevo a proponer cinco ideas:

    *Políticas públicas para la identificación del joven con la cultura de la vida: urge una estructura articulada, coordinada y profundamente involucrada con el rol del joven en nuestra sociedad. Los jóvenes son motores de vida y transformación innovadora. Hasta ahora hemos desperdiciado sus talentos relegándolos y haciéndolos poco responsables del país. El joven es causa inspiradora de vida y promesa de futuro. Perderlos significa coartar la esperanza de transformación de un país. La cultura de la muerte y la violencia es un contrasentido a la juventud y un grave signo de retroceso social.


        *Movimiento nacional para la capacitación y el empleo joven: el ocio y la falta de oportunidades reales, productivas y alineadas con las verdaderas necesidades de la nación es la fuente desde donde se surte el hampa. El camino recto debe ser más rentable que la ruta del mal. Las recompensas del bien deben superar a la riqueza fácil de la delincuencia. La sociedad debe creer en su juventud y el joven debe ser menos escéptico a su sociedad.


            *Formación de la juventud para el rescate de los valores ciudadanos: no es suficiente con formar en valores. Se requiere también defensores de la honestidad, la lealtad, la confianza y el respeto como valores supremos asociados a la seguridad y a la vida. Debemos recompensar las conductas asociadas con la construcción de ciudadanos. Es imperativo transmitir sentido de pertenencia y reconocimiento al otro, como elemento clave de tolerancia y convivencia. Es una tarea inmediata comprometernos como sociedad a construir desde lo positivo, exaltando las fortalezas y las individualidades.


                *Estrategias para reconciliar al joven con el respeto a las normas: la anomia social nos corroe. Cumplir con las normas es mal visto. Estamos formando jóvenes que no se sienten obligados a respetar las reglas más básicas de convivencia y trato de una sociedad. Como parte de la identificación del joven con la vida debe insertarse el cumplimiento de las normas porque de allí deriva el sentido y la conciencia por el otro. La violencia es el indicador más evidente que hemos dejado de operar como ciudadanos.


                    *Comprometer al joven con el desarrollo del país: más que una idea, el compromiso de la juventud con el desarrollo es una consecuencia de lo anterior. Las naciones que confían y apoyan a sus jóvenes, fortalecen las bases del desarrollo y crean identidad y orgullo en los ciudadanos.


                      Quiero pensar que aún estamos a tiempo de recuperar la pérdida más grande que como nación nos está tocando vivir. De lo contrario,  será muy difícil reconciliarnos con las despedidas que cada vez con más frecuencia, nos tocan  más de cerca y en dos lugares tan distintos; en el aeropuerto y en el cementerio.

                      @seguritips

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                      Sobre el autor

                      Alberto Ray

                      @seguritips, Consultor en seguridad, analista de decisiones en escenarios complejos. Especialista en diseño de estrategias para la mitigación de riesgos en organizaciones. Autor de MAPS, Modelo para la gestión de la seguridad

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