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Cómo funciona el terrorismo

El terrorismo se puede entender como el control social de la población, a través de actos indiscriminados de intimidación física y psicológica, con fines políticos o de propaganda. Aunque existen más de 100 definiciones válidas de terrorismo, todas coinciden en el uso de la violencia como arma de desmovilización social.

Históricamente, la palabra "terrorismo" (así como terrorista y aterrorizar) apareció por primera vez en Francia a principios de la Revolución en 1793, cuando el gobierno jacobino encabezado por Robespierre ejecutaba o encarcelaba a los opositores, sin respetar las garantías del debido proceso. El terror, como arma política de los ciudadanos, apareció en Rusia en la segunda mitad del siglo XIX, entre algunos grupos adversos al régimen zarista, tomando como inspiración el terrorismo de Estado de la Revolución francesa.

Más recientemente el término lo usan indistintamente los políticos para etiquetar a sus adversarios ante estrategias en las que figura el uso de la violencia física o psicológica.

En el año 2001 con los ataques a las torres gemelas, el terrorismo se visibilizó como una amenaza real para la mundo desarrollado, que hasta el momento había visto el tema más orientado a la lucha política de grupúsculos armados y no como un riesgo inminente de naturaleza global. Son los inicios del Siglo XXI que consolidaron este cambio paradigmático del terrorismo y sus propósitos. Pero, ¿en la actualidad, cómo funciona el terrorismo?, ¿qué significa para la seguridad ciudadana? y ¿cómo podemos entenderlo desde nuestra realidad?, son interrogantes válidas a las que trataré de aproximarme en estas líneas.

En primer término debe quedar claro que el terror es una emoción intuitiva del ser humano, y se define como miedo extremo que apela a nuestro cerebro más primitivo conocido como amígdala o glándulas amígdalas cerebrales.

“La naturaleza del miedo es la supervivencia, y la amígdala nos ayuda a seguir vivos al evitar situaciones, personas u objetos que ponen en peligro nuestra vida. La amígdala revisa constantemente toda la información que llega al cerebro a través de los distintos sentidos con el fin de detectar rápidamente cualquier cosa que pueda influir en nuestra supervivencia”, “Una vez que detecta el peligro, la amígdala orquesta una respuesta rápida de todo el cuerpo que nos empuja a alejarnos de la amenaza, lo cual aumenta nuestras posibilidades de supervivencia”.(Feinstein, 2010).

El terrorismo hace uso de nuestros instintos primarios de supervivencia. De allí, que resulte prácticamente imposible apagar las ganas de huir cada vez que el terror se hace presente.

El segundo aspecto a tener en cuenta es el condicionamiento que genera el terror. Es suficiente que nuestro cerebro detecte alguna probabilidad de exposición a miedos en los que nos hayamos visto previamente comprometidos, o conocidos a través de terceros, para activar las mismas reacciones como si estuviéramos en vivo ante la amenaza. Por ello, el terror es tan poderoso, porque funciona desarmando al individuo desde dentro. En el fondo, esta es la raíz del terrorismo psicológico como herramienta de control.

En Estados con gobiernos que se alejan del equilibrio democrático e institucional, es bastante fácil y tentador emplear métodos de naturaleza terrorista cuando se persiguen objetivos de control de la sociedad. La división entre buenos y malos, la propaganda difamatoria, la descalificación constante del adversario con adjetivos denigrantes, la persecución de la disidencia, el encarcelamiento y torturas son tácticas progresivas altamente efectivas, a través de las cuales se ejerce control, desmovilización y al final terror.

Otra forma de terrorismo proviene de grupos irregulares que persiguen objetivos políticos empleando la violencia como estrategia de lucha. Es común en sectas fundamentalistas, movimientos separatistas o facciones políticas radicales. En estos casos, se intenta justificar los actos de terror como el derecho que tiene el oprimido a debilitar las estructuras de poder y conseguir con ello notoriedad pública y hacer propaganda a su causa. Esta es la principal razón por la cual los grupos terroristas asumen la responsabilidad de sus acciones atribuyéndose los atentados que cometen.

La delincuencia desatada no es una forma de terrorismo, aunque sus efectos sean similares sobre la población. El ciudadano común siente pánico frente al delincuente que lo agrede, causándole un trauma similar al efecto condicionado del terrorismo, y llevándolo a abandonar espacios públicos que terminan habitados por al hampa y la indigencia. El delincuente no persigue un fin político o de propaganda, sus actos están movidos básicamente por el lucro. Es común sin embargo, encontrar vínculos entre grupos de la delincuencia organizada y organizaciones terroristas, juntos conforman asociaciones de conveniencia. Tal es el caso del tráfico de drogas que se apoya en la protección que les brinda grupos subversivos o altos funcionarios públicos ganados a la corrupción.

El terrorismo, independientemente de donde provenga es una de las amenazas más difíciles de neutralizar y se ha convertido en el principal riesgo de seguridad para las naciones. El terrorista se vale de su capacidad de mimetismo con lo que lo rodea para ocultar sus actividades. Podría considerarse como el enemigo invisible. En este sentido, y para alimentar la paranoia de algunos gobiernos que ven amenazas en todas partes, en los últimos tiempos se ha incrementado el uso de sofisticadas tecnologías que prácticamente espían todas las comunicaciones telefónicas, data de llamadas celulares, contenido de correos electrónicos y movimientos migratorios de los ciudadanos. De alguna forma, las organizaciones de seguridad que combaten el terrorismo terminan armando un aparato tan poderoso, que por otros medios, ejercen un control social extremo, limitando al ciudadano en sus libertades y realimentando el ciclo condicionado de terror psicológico. Actualmente, el FBI considera el terrorismo formado dentro de las fronteras de los Estados Unidos como la amenaza más importante para la seguridad de ese país.

 

No podemos dejar fuera de la interpretación el uso de las redes globales de información. La internet favorece las interacciones entre unidades separadas o autónomas con fines similares. Usualmente conocidas como células, estos grupos terroristas aprovechan las plataformas tecnológicas para mover grandes cantidades de dinero necesarias para sus actividades, así como para la planificación de acciones conjuntas, compra de material bélico y alianzas con la delincuencia organizada.

 

En escenarios más cercanos a nuestra realidad, las organizaciones de derechos humanos consideran que los gobiernos autoritarios de la región incurren en prácticas terroristas cuando alteran las garantías del debido proceso a adversarios políticos o son blandos para reprimir a grupos irregulares que emplean la violencia como herramienta política y que se identifican con la ideología del partido gobernante. Pero probablemente, la mayor afectación a la seguridad del ciudadano común proviene de los vínculos que se establecen entre los estamentos corruptos del gobierno y las organizaciones de Delincuencia Organizada Trasnacional (DOT). En este sentido, los Estados nacionales con instituciones débiles son penetrados en sus más altas estructuras de poder por las redes de la DOT y se aprovechan de estas para desarrollar actividades al margen de la ley. Es el caso entre otros, de la legitimación de capitales de organizaciones terroristas y la facilitación de zonas geográficas para la producción y tráfico de drogas. Una nación complaciente, de baja moral institucional y socialmente corrompida termina sus días vendida como prostituta a este enemigo invisible.

 

@seguritips

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Sobre el autor

Alberto Ray

@seguritips, Consultor en seguridad, analista de decisiones en escenarios complejos. Especialista en diseño de estrategias para la mitigación de riesgos en organizaciones. Autor de MAPS, Modelo para la gestión de la seguridad

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