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Seguridad: realidad y percepción

La seguridad opera en dos dimensiones inseparables: una, la objetiva, determinada por los hechos reales. La otra, subjetiva, constituida por la percepción y la opinión de los individuos sobre la realidad. La inseguridad, en consecuencia, se compone del riesgo real (la probabilidad de ser víctima) y el riesgo percibido (temor a ser victimizado).

Para abordar la inseguridad en toda su amplitud, deben conocerse ambas dimensiones,  si se pretende llegar a conclusiones que se traduzcan en la mejora sensible de sus índices.

Por lo general, la seguridad objetiva y subjetiva se mueven en la misma dirección y de forma más o menos proporcional.  Sin embargo, tienden a ocurrir desfasajes en uno u otro sentido en entornos complejos, o cuando el tema de la inseguridad sale de la agenda de prioridades. 

Siendo la seguridad un aspecto base en la pirámide de las necesidades humanas, es natural que la percepción tome el lugar de la realidad frente a determinados riesgos. Aquí destacan algunas situaciones que contribuyen a la distorsión de la realidad ante la percepción. Es el caso de los conocidos riesgos raros; aquellos que casi nunca ocurren, por lo que tienden a maximizarse sus efectos en la opinión pública, cuando se materializan. Lo contrario pasa con los riesgos despersonalizados, bien ejemplificado por Stalin en la 2da Guerra Mundial: una muerte es una tragedia, un millón una estadística.

El aspecto crítico de las percepciones en la seguridad es que influyen directamente en el comportamiento. En este sentido,  Mark Cohen (2005) señala que estos cambios se manifiestan en “conductas evitativas” donde las personas varían progresivamente sus rutinas para tratar de esquivar la acción de la violencia delincuencial. En el Estudio sobre violencia interpersonal y percepción ciudadana de la situación de seguridad en Venezuela, realizado por el Instituto de Investigaciones de Convivencia y Seguridad Ciudadana (INCOSEC) en el año 2010, “se refleja una sociedad en la que los ciudadanos abandonan los espacios públicos, viendo sus derechos cada vez más limitados y son testigos de un desmejoramiento acelerado de su calidad de vida.”

Estos son algunos de los resultados del Estudio de INCOSEC:

*77% de las personas ha limitado las actividades de diversión y recreación.

*68% vincula la mala iluminación de las calles a la comisión de delitos.

*65% ha limitado las horas o lugares donde va de compras.

*49% relaciona el mal estado de las vías con la ocurrencia de delitos.

*38% ha sentido la necesidad de mudarse a otro barrio o urbanización que considera más seguro.

Como complemento, Un sondeo del 2013 de la encuestadora Gallup determinó que los venezolanos en su conjunto son la tercera población más temerosa del mundo, pues el 63% dijo sentir miedo al salir de noche en los lugares donde vive. Este porcentaje solo fue superado por dos países asolados por conflictos bélicos como Chad y Afganistán.

Ronald Forgus en su conocido libro; Percepción (1975) indica que el individuo en esa búsqueda permanente de adaptación, condiciona la información que extrae de su entorno a sus propias experiencias y prejuicios. Es por ello quizás,  que resultedifícil determinar y estudiar los riesgos percibidos, más aun en ambientes tan complejos y contradictorios como es que nos ha tocado vivir.

@seguritips


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Sobre el autor

Alberto Ray

@seguritips, Consultor en seguridad, analista de decisiones en escenarios complejos. Especialista en diseño de estrategias para la mitigación de riesgos en organizaciones. Autor de MAPS, Modelo para la gestión de la seguridad

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