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Seguridad también es liderazgo y autoridad

El respeto a las normas es una de las piezas clave para la seguridad y convivencia ciudadana. No podemos argumentar en este sentido, que no tenemos leyes y reglamentos que favorezcan el clima de seguridad del país. Las tenemos, y algunas en exceso. Evidentemente, las normas siempre las podemos mejorar ya que tienden excederse en sus controles y restricciones. El asunto aquí no es la falta de normas, sino el respeto a las mismas.

El cumplimiento de la ley es un trabajo de dos; el que la cumple y el que la hace cumplir.    Cumplir con la ley depende de la consciencia ciudadana y del nivel de "empatía" social que tengamos con los demás, pero también depende, en gran medida del poder coercitivo y sancionatorio de las normas.

Debemos partir por entender que las normas existen para crear un terreno común de convivencia, donde el bien individual queda sometido al bienestar de la mayoría. Un vecino en un condominio que le gusta escuchar música a alto volumen, afecta al resto de la comunidad que no comparte sus gustos y que son la mayoría. Está claro que las reglas no son cómodas, pero son indispensables si queremos convivencia y paz ciudadana.

Una de las principales causas de la inseguridad reinante es que las normas nos han dejado de importar. El trabajo de cumplir y hacer cumplir ya no lo realizamos. La pérdida de capital social traducido en  el desmoronamiento de la cultura ciudadana ha hecho que ignoremos las leyes y por tanto, a quienes nos rodean. De igual forma, aquellos llamados a ejercer la autoridad para que se cumplan las reglas tampoco lo hacen. La corrupción y la falta de medios para reforzar el cumplimento de las leyes son algunas de las razones para la indolencia legal que padecemos.

Cuando las normas existen pero no las cumplimos ni las hacemos cumplir hemos llegado al terreno que la sociología define como anomia; un estado en el cual se han degradado las reglas sociales y han dejado de operar como reguladoras de las relaciones entre los ciudadanos.
Siendo las normas de convivencia las más cercanas a la vida en comunidad, son las primeras víctimas de la degradación. Cuando no somos capaces como sociedad de abordar y resolver los conflictos que se presentan entre ciudadanos, estamos permitiendo que estos crezcan y se conviertan en males sociales de gran escala. Es así, como unos padres que golpean a sus hijos puede llegar a formar niños con profundos resentimientos que verán la violencia como único medio para entenderse con los demás. Es el maltrato doméstico que al cabo de un tiempo se convierte en homicidio.

Cuando expongo estas ideas surge la inevitable pregunta  ¿Cómo podemos sacar a una sociedad de su estado anómico?

Pienso que la respuesta puede resumirse en dos palabras: Liderazgo y Autoridad

El cumplimiento de las normas requiere modelaje. Si los que están a la cabeza respetan, los seguidores aprenderán a respetar. Igualmente, si los de arriba trasgreden el orden, los de abajo entenderán que cumplir no tiene sentido. No sólo me refiero a los altos liderazgos del país. Todos de alguna forma tenemos roles de conducción donde estamos comprometidos a enseñar a cumplir a través del ejemplo. Líderes políticos, empresariales, sociales, culturales. Maestros de escuela, padres y madres, directivos de las asociaciones vecinales. Todo el que ejerza liderazgo está obligado a hacer cumplir las normas. Fallar en esta misión es seguir profundizando el estado anómico de la sociedad.
Ejercer la autoridad es el otro gran pilar para restaurar la cultura de de respeto al deber ser.  No podemos seguir siendo tibios ante la violación de las normas. La actitud de dejar hacer dejar pasar va contra La Paz y la convivencia. Si no exigimos sentimos de igual modo que no estamos obligados a cumplir, esa es quizás la mayor perversión de la falta de autoridad.

Quisiera concluir esta reflexión citando un ejemplo positivo de respeto a las normas que puede aclararnos el camino. Se trata de la Resolución del Ministerio de Salud que establece la prohibición de fumar en espacios cerrados. Ya no vemos personas fumando en restaurantes u oficinas. Los fumadores buscan espacios abiertos para prender sus cigarrillos y los ciudadanos que no fumamos nos sentimos con la autoridad de exigir que se cumpla la norma.

¿Por qué entonces no hemos sido capaces de que la mayoría de los motorizados respeten las leyes de tránsito ?
 
Cuando los ciudadanos se apropian del cumplimiento de las normas, el control social se hace efectivo y la convivencia y seguridad son posibles.

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Sobre el autor

Alberto Ray

@seguritips, Consultor en seguridad, analista de decisiones en escenarios complejos. Especialista en diseño de estrategias para la mitigación de riesgos en organizaciones. Autor de MAPS, Modelo para la gestión de la seguridad

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