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Seguridad en el Mundial, algunas tarjetas amarillas

 El Otro Mundial | Fuente: Hassam Gómez página Facebook

El Otro Mundial | Fuente: Hassam Gómez página Facebook

Este año, Brasil es mucho más que fútbol. Los 64 juegos de la Copa Mundial de la FIFA representaron para el país sede una inversión cercana a los 11.600 millones de dólares, repartida en la construcción y modernización de aeropuertos, estadios, sistemas de transporte público, comunicaciones, capacitación de personal y por supuesto, la seguridad para mantener el orden y el espíritu deportivo entre los 600 mil turistas extranjeros y 3.1 millones de brasileños que se esperan, van a movilizarse durante los 31 días del evento.

Para las autoridades brasileñas, el éxito de la Copa será un indicador clave de cara al próximo reto deportivo que se les avecina, los Juegos Olímpicos del 2016.

El gigante de Sur América, resultó electo como país sede del mundial hace casi siete años, y desde ese instante dio inicio al plan maestro nacional destinado a la preparación del torneo. El gobierno creó la Secretaría Extraordinaria de Seguridad para Grandes Eventos con el objetivo de proteger a brasileños y extranjeros durante el Mundial.  La mayor innovación en este sentido, fue la integración tecnológica de todas las policías y agencias de seguridad, equipadas con una red de comunicación de alta capacidad exclusiva para poder conectar los cuarteles, centros de control, estadios, las aduanas, patrullas e Interpol en las doce ciudades sedes de la Copa. Entre los detalles de preparación de la seguridad, el gobierno brasileño recibió las bases de datos de fanáticos revoltosos de Alemania, Inglaterra, Holanda, Sudáfrica, Polonia y Argentina, con el objetivo de identificarlos y si es necesario, neutralizarlos en caso problemas con las “barras bravas”.

Pero existe un lado oscuroque no podemos obviar en la seguridad del Mundial. El gobierno de Brasil ha desalojado en los últimos años a más de 250 mil personas de los estratos más pobres de la población, debido a que habitaban en terrenos próximos a las zonas de desarrollo de los estadios, esto ha provocado una oleada de protestas, que combinada con el alza en el transporte público y la agresividad de los cuerpos policiales en la llamada pacificación de las favelas para mejorar los altos índices de criminalidad en algunas ciudades, han generado inestabilidad social en las semanas previas a la Copa.   No es un secreto, que de las cincuenta ciudades más violentas del mundo, siete de ellas, son sedes del Mundial. De allí, que la FIFA esté exigiendo a las localidades de Fortaleza, Natal, Salvador, Cuiabá, Manaos, Recife y Belo Horizonte redoblar esfuerzos para tener un evento tranquilo hasta el último día.

Ahora bien, visto desde la distancia de quién apenas conoció el proyecto de seguridad planificado para la Copa del Mundo, me atrevería a decir que la estrategia delineada por el gobierno y la FIFA  para asegurar el torneo le sobró dinero pero le faltó visión integral y sentido de realidad del entorno. La seguridad de hoy debe tener su acento en la previsión, esto quiere decir:planifica para lo peor y espera lo mejor. La seguridad además, debe estar soportada de manera equilibrada sobre sus cuatro pilares: Recursos humanos, Políticas, normas y procedimientos, Infraestructura y Tecnología. Sin ellos, resulta imposible gerenciar y supervisar la complejidad de un mundial de fútbol.  

La inversión en infraestructura y tecnología fue colosal, se construyeron obras monumentales y se las dotó de equipos de vanguardia para la protección de espectadores y jugadores. En mi criterio, el uso excesivo de tecnología, no hace a una instalación deportiva más segura. Puede por el contrario, crear la impresión de que la tecnología lo resuelve todo y coloca en un segundo plano a los otros aspectos necesarios para el equilibrio. Prueba de esto se vio en el juego de Argentina contra Bosnia, en el Maracaná, cuando cincuenta fanáticos saltaron una cerca e invadieron las tribunas sin pases de entrada. Esto se hubiera evitado, complementando la seguridad del perímetro con rondas de vigilancia. De igual forma, poco se hizo para la formulación de normas de seguridad, limitándose a un manual de conducta del público asistente, hecho por la FIFA y muy poco adaptado a la realidad local. En otro sentido, la organización de personal civil responsable de la custodia,  la percibo más vinculada a la protección de las instalaciones que a la tranquilidad del espectáculo. Este punto quedó en evidencia cuando un fanático exhibicionista saltó al campo de juego en pleno partido Alemania Vs. Ghana, llegando hasta el círculo central del terreno, poniendo en riesgo a jugadores y árbitros.

Creo sin embargo, que el aspecto de mayor relevancia en el que notoriamente se dejó por fuera la visión positiva de la seguridad, fue haber excluido a las comunidades cercanas a las instalaciones deportivas, de las bondades que un evento de esta magnitud traería a la población, perdiendo además la oportunidad de ganarlos como aliados a una causa de unión nacional sin precedentes, más aun con un gobierno de corte socialista como el de Dilma Rousseff.

La sensación de los que visitan Brasil en estos días es la de un país que suma cero; ciudadanos perdiendo y la FIFA ganando.

La seguridad como el fútbol, trabaja con alianzas y espíritu de equipo, se gana a la gente, y la convierte en vectores de transformación y cambio. Sólo espero que las lecciones aprendidas, Brasil las pueda capitalizar enéxitos durante los Juegos Olímpicos en el 2016 y esto no se quede en puras patadas y tarjetas amarillas.

@seguritips 

 

 

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Sobre el autor

Alberto Ray

@seguritips, Consultor en seguridad, analista de decisiones en escenarios complejos. Especialista en diseño de estrategias para la mitigación de riesgos en organizaciones. Autor de MAPS, Modelo para la gestión de la seguridad

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