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Guía rápida para entender la inseguridad en Venezuela

La inseguridad viene ocupando desde hace al menos una década,  uno de los tres primeros puestos en el ranking de los problemas del país. En un esfuerzo de síntesis vamos a enunciar una lista de razones porqué no superamos la situación, lejos de ello, pareciera agudizarse en los últimos tiempos. No pretendemos jerarquizar aquí por orden de impacto, creemos más bien que corremos el riesgo de dejar por fuera algunos de importancia. En todo caso, lo dejamos a criterio de ustedes. Si desean contribuir, por favor no duden en enviarnos sus sugerencias.

Voluntad política para resolver el problema: es la disposición real de los gobernantes en todas las escalas del poder para entender la situación, fijar objetivos y desarrollar estrategias para reducir de forma apreciable la violencia y criminalidad. La voluntad se manifiesta a través de la cantidad de esfuerzo, dinero, dedicación e interés que se orientan hacia la solución. Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que si ha habido voluntad, no se ha traducido en resultados.

Creencia que la inseguridad se vincula con la pobreza: la causa raíz de más peso en el problema de la seguridad es la pérdida progresiva de institucionalidad,  y no tanto se debe a la pobreza como tradicionalmente ha querido apuntársele. Naciones muy pobres en el mundo muestran índices reducidos de violencia, mientras que países con importantes ingresos per cápita muestran tasas crecientes de criminalidad. La realidad es que el desmontaje de las estructuras institucionalizadas de gobierno sin un reemplazo formal por organizaciones más eficaces, se viene traduciendo en el surgimiento de un Estado paralelo en el que operan otro tipo de relaciones más discrecionales, y amañadas al poder, lo que genera un clima general de anomia que favorece al crimen.

La impunidad: es una manifestación evidente de la pérdida de institucionalidad. La impunidad es la recompensa al delincuente, que no recibe la sanción justa y proporcionada a la violación de las normas. La impunidad alimenta la espiral de la recompensa fácil a cambio del delito y trasgrede las barreras del orden moral en la sociedad.

El lenguaje de la violencia: un discurso sostenido de odio, polarización y etiquetas denigrantes, socava las relaciones pacíficas entre los individuos de una sociedad. Las palabras ominosas destruyen el entramado social que une a la gente y desincentivan la búsqueda de vías de paz para la resolución de conflictos. Adicionalmente, cargan negativamente a los bandos polarizados que ante mínimos estímulos reaccionan de forma desproporcionada y por lo general violenta. 

La inseguridad no es solo un problema policial: la ciudadanía tiene un rol determinante en la reducción del delito y en la reconquista de espacios tomados por el hampa. El ciudadano que no respeta las normas y se muestra una actitud descuidada frente a la violencia, se convierte más fácil en víctima. La consciencia social frente a los riesgos y la capacidad de análisis y anticipación de consecuencias por parte del ciudadano son ingredientes necesarios para construir mayores niveles de seguridad.

Las graves fallas del sistema educativo: la pérdida de calidad en la formación de las personas, redunda más temprano que tarde en el tipo de ciudadanos sobre los que debe sostenerse un país. La educación debería tener como objetivos la construcción de independencia y criterios basados en la razón. Sin embargo, hoy vemos estudiantes desconectados de la realidad y cada día más dependientes del Estado, en un modelo que no se refleja en progreso y que más bien involuciona a formas más primarias de interrelación entre los ciudadanos.

El deterioro de los espacios públicos: calles oscuras, parques abandonados, canchas deportivas destruidas, barrios llenos de basura,  son factores que incrementan el riesgo de ser víctimas de un delito. Los espacios públicos son los escenarios necesarios para la vida ciudadana. La pérdida de la infraestructura urbana genera la percepción de inseguridad en el individuo, que progresivamente va cediendo espacios a malvivientes y delincuentes que terminan apropiados de calles y plazas.

Las crisis de la economía: son agregados que potencian en todos los aspectos a las causas primarias de la inseguridad. La falta de dinero afecta el poder adquisitivo de todos los habitantes y hace más atractivo el delito como salida rápida del problema, que combinado con la impunidad, ofrece la receta perfecta al estímulo para el crecimiento de la delincuencia. Es importante señalar que solucionar las crisis económicas no se traduce necesariamente en la reducción de la violencia, para ello, se requieren políticas decididas y sostenidas de prevención y protección de los ciudadanos. Una economía en aprietos también representa una fuerza policial reducida y mal equipada, en ciudades mal mantenidas y en el incremento de la informalidad y sus vicios como modo de vida.

Número de armas de fuego ilegales: las armas son herramientas para el ejercicio de la delincuencia. Mientras más pistolas, revólveres, rifles de asalto y hasta granadas sean de fácil acceso para el hampa, mayor poder tiene para amenazar y causar daño. Una pelea callejera en la que aparecen armas, se convierte en un homicidio. En buena parte, el incremento desmedido del número de muertes violentas en el país se debe al número y descontrol de armas de fuego que impunemente se exhiben en nuestras calles.

El poder de las bandas criminales: el florecimiento de la delincuencia viene acompañado del crecimiento en número, tamaño y organización de la violencia. Las banda criminales en su afán ambicioso de expansión, ocupan territorios y nuevas modalidades. Es así como evolucionan del hurto al robo, de la extorsión al secuestro y al cobro de vacunas. Asimismo, generan alianzas para penetrar en nuevos negocios como el tráfico de drogas, contrabando, trata de personas y sicariato por mencionar algunos. En este proceso se hacen poderosas y rivalizan contra las fuerzas del orden del Estado, dominando con violencia y coacción a los aterrorizados ciudadanos.

La reducción de oportunidades para los jóvenes:un Estado sin políticas públicas para aprovechar el potencial joven del país, está desechando una fuente valiosa de progreso y, al mismo tiempo genera espacios vacíos que en lugar de ser productivos y positivos, se llenan de ocio, vicios y desmotivación. Son varios los estudios que demuestran que jóvenes varones ociosos se agrupan para delinquir pues no tienen mayores ni mejores opciones que compitan atractivamente.

La corrupción en el sistema de administración de justicia: el desorden y  el caos que habitan detrás del sistema de administración de justicia en Venezuela es una fuente inagotable de corrupción e impunidad. Delincuentes que son capturados en flagrancia deben ser liberados en menos de 48 horas porque el sistema simplemente no es capaz de actuar con la diligencia debida. De igual manera, aquellos que terminan depositados en los recintos penitenciarios nunca consiguen la rehabilitación constitucionalmente prometida, al contrario, salen formados en ciencias y artes del crimen y la violencia.

Hemos resumido en un poco más de mil palabras las fuentes que alimentan la más grande crisis que nuestro país ha vivido desde la guerra civil a finales del siglo XIX. Podemos resolver la inflación, la escasez y hasta las deficiencias institucionales, pero si no pensamos y actuamos con prontitud en políticas públicas para el control y reducción de la violencia que nos corroe como sociedad, vamos a terminar recogiendo las hilachas de un país devorado por el caos. Aún estamos a tiempo

@seguritips


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Sobre el autor

Alberto Ray

@seguritips, Consultor en seguridad, analista de decisiones en escenarios complejos. Especialista en diseño de estrategias para la mitigación de riesgos en organizaciones. Autor de MAPS, Modelo para la gestión de la seguridad

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