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Espacios para ejercer ciudadanía

En la lista de las 50 ciudades más violentas del Mundo, Venezuela tiene incluidas cinco de sus más importantes urbes. Caracas (2), Barquisimeto (10), Ciudad Guayana (17), Maracaibo (35) y Valencia (50). Sí definimos ciudades como espacios para ejercer ciudadanía, las nuestras hace tiempo que han dejado de serlo. No es suficiente que los espacios sean públicos. Las calles, las plazas y los parques son públicos sin que esto represente garantía alguna de convivencia o paz. Es necesario elevar la condición de lo público a lo ciudadano. El espacio ciudadano es aquel donde se puede practicar la ciudadanía, es donde podemos desarrollar nuestro potencial de libertad, igualdad y fraternidad como seres de la ciudad. No es un concepto nuevo, se remonta a finales del siglo XVIII en los albores de la edad contemporánea. Que a estas alturas del siglo XXI aún como sociedad no hayamos entendido el valor cívico de las ciudades, es inexplicable, por no decir imperdonable.

En este sentido, la seguridad ocupa una posición preponderante en la vida de las ciudades y sus habitantes. Nos equivocamos al creer que la seguridad es para acosar y reprimir al ciudadano. Al contrario, se trata de procurar el más adecuado espacio de tranquilidad para que el ciudadano desarrolle al máximo su potencial. Una ciudad segura es acercar al ciudadano a su humanidad y a su naturaleza, a pesar de la densidad del paisaje urbano. El disfrute de la vida social en las calles, apreciar la riqueza cultural de sus edificaciones y rendir culto a la vegetación de sus parques y plazas es sólo posible cuando se le gana espacio a la hostilidad que carcome nuestros centros poblados.

En las ciudades el espacio debe conquistarse, colonizarse y mantenerse en uso. Aquellos espacios que se abandonan, muy rápidamente se pierden en el desorden urbano, se convierten en depósitos de basura y zonas para mal vivientes. Es triste pasar por debajo de importantes elevados en Caracas en los que reina el mal olor, la basura y los indigentes. El espacio ciudadano tiene la magia que mientras más se emplea mejor se pone. La programación de eventos y el uso intensivo del espacio lo blinda de la inseguridad. Las barreras de control social hacen que un ciudadano cuide al otro, propiciando así un clima que invita a la interacción social en armonía. Uno de los secretos más importantes de los espacios ciudadanos es que todos tienen un responsable y que no necesariamente es el gobierno. Está demostrado que los parques municipales dados en cuido a las asociaciones de vecinos están más limpios, mejor cuidados y por ende más seguros.  La presencia policial es necesaria, pero en su rol de guardia preventiva del orden y la libertad.

Las áreas deportivas por su parte, son contextos ciudadanos por excelencia. La práctica del deporte es una expresión de organización, tolerancia, respeto a las normas y convivencia, ingredientes todos necesarios para la formación de valores ciudadanos asociados a la seguridad.

En su gran mayoría,  los habitantes de nuestras ciudades somos personas de bien, que queremos hacer de las calles áreas de tolerancia y convivencia. Espacios ciudadanos de encuentro, en los que lejos de sentirnos censurados, podamos crear pertenencia  sin ser víctimas permanentes de  de la delincuencia.

Devolver la ciudad a los ciudadanos debe ser siempre un objetivo de la seguridad.

@seguritips

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Sobre el autor

Alberto Ray

@seguritips, Consultor en seguridad, analista de decisiones en escenarios complejos. Especialista en diseño de estrategias para la mitigación de riesgos en organizaciones. Autor de MAPS, Modelo para la gestión de la seguridad

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