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Certeza es Seguridad

La seguridad está vinculada a la certeza. Es así, porque aquello que consideramos seguro se percibe como  verdadero, es la realidad con un alto grado de confianza. En contraparte, la incertidumbre se asocia a la inseguridad. Lo que se desconoce usualmente se duda y por tanto se teme. La seguridad y la incertidumbre pudieran entenderse como los extremos de una misma línea.

Bajo esta noción, resulta sencillo construir percepciones que pueden impactar positivamente la seguridad. Empleados de organizaciones en las cuales las normas son claras y se cumplen, consideran que sus lugares de trabajo son más seguros. Es así porque siempre (y aquí la palabra siempre es importante) saben a qué atenerse.

Los seres  humanos somos permanentes buscadores de certezas. Además de seguridad,  la certeza tranquiliza la ansiedad natural de la vida moderna, eso que llamamos stress, es en parte la angustia a lo que no conocemos.

Los Estados democráticos, en analogía con las organizaciones, que han desarrollado  institucionalidad basada en sus sistemas legales, tienen indicadores de seguridad muy superiores a aquellos con leyes más dependientes de la discrecionalidad de sus funcionarios.

En las sociedades son suficientes algunos signos de certeza para generar seguridad.  Un médico que atiende a sus pacientes a la hora genera más seguridad y por tanto más confianza. Una persona que es puntual con sus compromisos es percibida como más respetuosa y honesta, ambos valores asociados con la seguridad.

Saber que vas a ir al cine y conseguirás tickets de entrada, que el maestro asistirá a la clase, que todos respetemos el semáforo o que independientemente de la condición social o económica de la gente habrá acceso a la salud,  son todos signos que construyen seguridad para una sociedad.
Siendo así, la seguridad no solo se limita a proteger nuestras vidas y nuestros bienes, es un concepto más amplio. Ya desde hace algún tiempo se viene definiendo como Seguridad Humana (SH).

La ONU adoptó este concepto en 1994 y lo planteó como la necesidad de reorientar la atención de los Estados y las comunidad internacional hacia la dignidad de las personas como base para alcanzar el desarrollo y el progreso humano.  La SH subraya la necesidad de contar con una nueva estructura que combine los programas de paz y seguridad, desarrollo y derechos humanos de manera más eficaz, eficiente y orientada a la prevención.

Esta visión integral sitúa a la persona y sus necesidades como los ejes de la seguridad. Esto trasciende el paradigma del policía y el cumplimiento represivo de la ley. Está dirigido a la obligación del Estado a garantizar el contexto y las condiciones para el desarrollo y progreso del individuo, más allá de cualquier diferencia ideológica, política, económica o social.

Es bajo esta figura de la SH que los gobiernos del mundo en desarrollo han comenzado a diseñar sus políticas públicas más ambiciosas.

Cuando reviso estos lineamientos sobre los que se organizan los Estados me resulta inevitable comparar donde estamos parados como nación en Venezuela.

Al calibrar nuestra situación con la óptica de la seguridad humana ya no son suficientes los indicadores de homicidio o el número de secuestros para poner a la vista la realidad. Debemos profundizar en las necesidades de los ciudadanos; el acceso a la salud oportuna, la disponibilidad de alimentos balanceados y en cantidades suficientes,  la educación de calidad, la justicia oportuna, el transporte público eficiente, y más aún:  la libertad de opinión, o la posibilidad de encontrar apoyo estatal a nuestras inclinaciones culturales. En los hechos es muy poco lo que nuestros gobiernos hacen para construir seguridad. Y me pregunto: ¿es que acaso ignoran la dimensión del compromiso que asumieron al aceptar sus altas responsabilidades? Me asombro cuando oigo a ministros y viceministros afirmar que estamos abatiendo la inseguridad y al mismo tiempo veo las largas colas de gente en las puertas de los supermercados esperando por dos kilos de leche.

Recientemente observé con cierta envidia cómo en Paris mujeres solas usan el metro hasta altísimas horas de la noche sin que esto signifique mayor riesgo para su seguridad.  ¿Cuándo podremos los venezolanos tan siquiera salir en familia más allá de las nueve de la noche sin la angustia de ser las próximas víctimas de la muy humana inseguridad?

@seguritips

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Sobre el autor

Alberto Ray

@seguritips, Consultor en seguridad, analista de decisiones en escenarios complejos. Especialista en diseño de estrategias para la mitigación de riesgos en organizaciones. Autor de MAPS, Modelo para la gestión de la seguridad

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