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Amenazas para dialogar o diálogo para amenazar

Mucho se habla de amenazas cuando se realizan análisis de los riesgos en una organización. En estos análisis las amenazas se abordan como extraños seres casi imposibles de controlar. Entendemos la amenaza como un elemento externo que nos acecha y puede, en el momento menos esperado, sacar provecho de alguna debilidad  o vulnerabilidad nuestra para obtener beneficios. Los ejemplos sobran; ladrones, secuestradores, personas molestas o resentidas, son algunos clásicos que podemos mencionar. Estamos naturalmente equipados para defendernos de amenazas típicas. Contamos con instintos de protección codificados en lo profundo de nuestro cerebro para que no seamos víctimas de  lo que suponemos puede hacernos daño.

El problema surge cuando las amenazas se “disfrazan” y se hacen pasar por aliados, o cuando aquellos que, históricamente consideramos aliados, se transforman en amenazas. Aquí, nuestros sistemas de defensa pierden efectividad, pues interpretan que no tenemos motivos para protegernos de elementos que están de nuestro lado y terminamos mansamente expuestos a riesgos. Un estafador se gana primero la confianza y envuelve inteligentemente a su víctima antes de sacarle provecho. Una sociedad usualmente no considera a su gobierno una amenaza, más aún cuando este se muestra aliado a las causas de la mayoría y sus líderes han estado cubiertos con pieles de cordero.

Existen principalmente  dos formas de mitigar riesgos asociados a amenazas (a estos riesgos se les identifica como externos): la primera es evitar exponernos a ellas. Dejamos de salir en las noches para evitar ser víctimas de robos o secuestros. La segunda forma es protegernos para que ante la presencia de amenazas estas no tengan el poder de dañarnos o agredirnos. Es decir, tratamos de pasar desapercibidos o sin llamar mucho la atención del que nos puede agredir. Es lo que comúnmente llamamos bajo perfil. Políticamente hablando nos hacemos los “ni-ni”.  La cuestión es que las amenazas son dinámicas y emplean distintas vías para explotar nuestras vulnerabilidades. Pudiera compararse a un juego de estrategias; si el delincuente descubre que la gente no pasa por "su calle" porque presume que puede ser víctima de un robo, buscará extender su radio de acción a calles anteriormente consideradas seguras donde conseguirá transeúntes desprevenidos. Es una estrategia de expansión. Luego de cobradas sus primeras víctimas en los nuevos territorios, estas darán aviso del riesgo y entregarán los espacios o pedirán a la fuerza policial que los retome.

En este caso, es evidente que sin la participación de la fuerza pública, el delincuente siempre tendrá la estrategia dominante, dejando al ciudadano honesto preso en sus propias medidas de protección. Cuando las amenazas vienen de la acción gubernamental la situación se torna mucho más difícil y compleja, porque el equivalente a la fuerza policial en la sociedades corresponde a las instituciones del Estado, las cuales estarán igualmente amenazadas por el autoritarismo gobernante. Es en este punto donde la denuncia del ciudadano en instancias supranacionales cobra especial valor. La opinión internacional tiene un peso determinante frente a las estrategias expansivas de los regímenes transformados en amenazas para sus pueblos.

Existe sin embargo, una tercera vía de mitigación de riesgo externos hasta ahora poco considerada; se trata de reducir el potencial de peligrosidad de la amenaza ganándola como aliada en el proceso.  Pareciera sencillo en el papel, más no lo es tanto. Reducir la potencialidad de una amenaza exige  identificar sus modos de operación y hacer pronósticos de sus formas de actuar. Pero resulta aún más complicado ganarla como aliada, ya que además del conocimiento de sus formas requiere la comprensión de sus necesidades y el porqué de sus acciones. Es ver todo el contexto desde sus raíces con el objeto de establecer un vínculo ganar-ganar en lo que antes era una relación suma cero (el ladrón obtiene la cartera y el ciudadano se queda sin ella). Sin duda, que en la mayoría de los casos no estamos dispuestos a esto. En nuestro contexto de país, el diálogo es esta tercera vía. Si las partes son sinceras, el diálogo será productivo y transformador. Apostar a su fracaso es permitir que la amenaza siga creciendo y el ciudadano inventando técnicas cada vez más osadas de autoprotección.

En mi experiencia como consultor de seguridad he visto casos que son verdaderos ejemplos de mitigación por tercera vía.  Un conocido centro de salud en la ciudad de Caracas comparte su perímetro con un barrio considerado "candela" por los caraqueños, debido a la gran cantidad de delincuentes y delitos que se mezclan entre sus escarpadas escaleras y precarias viviendas. Al sitio no entran policías y el control social lo ejercen los jefes de conocidas bandas. Es difícil encontrar una amenaza más grande. A pesar de ello, en el hospital trabajan más de 300 médicos de todas las especialidades, se realizan millares de intervenciones quirúrgicas al año y acuden cientos de pacientes al día; y si bien, la seguridad es un tema  de importancia, no es el que más preocupa a sus usuarios, pues la percepción es que la situación está bajo control. El hospital y la comunidad han desarrollado un modo simbiótico de convivencia. Muchos trabajadores del hospital provienen del barrio, la mayoría de los vehículos de los pacientes los cuidan habitantes del barrio, médicos del hospital donan su tiempo en un dispensario de salud dentro del barrio y las emergencias médicas de estos habitantes se atienden en el hospital. Esta alianza formal en unos casos, e informal en otros construye vínculos que fortalecen la seguridad de todos.  Este modelo de interrelación tiene un efecto adicional, genera sentido de pertenencia de aquello que es común, y lo que se pertenece se cuida.

Actualmente, las organizaciones saben que la Responsabilidad Social (RS) bien entendida es altamente efectiva para reducir el potencial de peligrosidad de amenazas. La RS se convierte en parte de un proceso innovador de gestión estratégica de los riesgos de una organización que genera vínculos poderosos de interacción con el medio y el entorno. Cada ciudadano de esta tierra está llamado a ejercer en momentos complejos su acción de responsabilidad social con el país, buscando espacios de diálogo, donde parte y parte puedan desmontarse en sus percepciones de amenaza mutua y descubran que es mucho más lo que los une que aquello que los separa.

@seguritips

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Sobre el autor

Alberto Ray

@seguritips, Consultor en seguridad, analista de decisiones en escenarios complejos. Especialista en diseño de estrategias para la mitigación de riesgos en organizaciones. Autor de MAPS, Modelo para la gestión de la seguridad

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