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El último esfuerzo de Ramón Hernández

Las metas de los venezolanos en 2014 (VII)

 

Una noche de 2012, después de un encuentro de los Rockies, celebrado en Houston, un Ramón Hernández cubierto de vendajes, con hielo en casi todas las articulaciones del brazo derecho y ambas piernas, invitó al periodista a sentarse a su lado en el clubhouse, para conversar sobre sus ilusiones en el terreno y su carrera.

 

“Todo me duele”, confesó, palabras más, palabras menos. “Por eso ya no juego en Venezuela como antes. Necesito descansar. Sigo en esto, porque quiero que me vean mis hijos”.

 

Así resumió el sucrense el último lustro de su carrera en el beisbol profesional. El sudor recubría aún su frente. Sonreía, como si en el fondo le resultara divertido constatar cómo ha pasado de ser uno de los catchers más respetados de la Liga Americana a un adolorido veterano de guerra.

 

Su rostro decía más que todas esas palabras. Lucía exhausto.

 

Hernández todavía ama el beisbol. Por eso no se retira. Ese fue el motivo de su relativamente temprana incorporación al Magallanes a finales de 2012, con la esperanza de ganar un lugar en el roster del Clásico Mundial que se disputó al año siguiente. Por ello se encuentra hoy en el complejo de entrenamiento de los Reales.

 

Ha sido un largo recorrido, desde que hacía apuestas con Billy Beane en pleno apogeo del Moneyball, pasando por su contrato multianual con los Orioles y su reciente conversión en careta suplente.

 

Entre todos los venezolanos que se mantienen activos, únicamente Henry Blanco suma más temporadas que él: tiene tiene 15, contra 16 de su colega mirandino.

 

Hernández apenas necesita actuar en 74 compromisos más para llegar a 1.600 en la gran carpa, una cifra que sólo han conseguido 10 de sus compatriotas.

 

Pero el mayor mérito de este nativo de Cumaná aparece al cruzar sus números con su condición de receptor: 162 de sus 169 jonrones han llegado al defender esa posición.

 

El oriental ha puesto casi todos los récords para mascotas nacidos en Venezuela, comenzando con el total de bambinazos. Hace rato que dejó atrás al gran Baudilio Díaz.

 

Cada tablazo de vuelta completa que conecte en el futuro será un nuevo registro. Igual ocurrirá con cada juego (1.394), cada aparición legal (5.441), cada turno al bate (4.869), cada anotada (560), cada hit (1.298), cada doble (257), cada empujada (720), cada bases por bolas (413).

 

Víctor Martínez estaba relativamente cerca de alcanzar varios de esos topes, pero fue convertido en bateador designado por los Tigres de Detroit. Ya casi no suma estadísticas como catcher, una posición que defiende una vez a la semana.

 

Miguel Montero va a su novena temporada y tiene proyección para dar caza a Hernández. Pero tiene que demostrarlo, manteniendo el paso.

 

No hay posición donde la durabilidad sea más preciada que la receptoría. Es uno de los motivos por los que se acaban de modificar las reglas del beisbol: para proteger un poco la salud de los más golpeados en el diamante.

 

Hernández, cuyo OPS de .744 entre sus compatriotas sólo está detrás de Martínez y Montero, todavía es rival frente a los corredores contrarios, con 30 por ciento de éxito frente a quienes intentan robarle bases.

 

Tiene un WAR defensivo de 8.1 en su carrera. Eso es más que Baudilio (7.7), Henry Blanco (7.4), Yorvit Torrealba (7.4), Eduardo Pérez (3.1), Montero (3.0), Carlos Hernández (0.8) y V-Mart (-2.4).

 

Hernández viajó al spring training con todos sus récords para receptores venezolanos, su premio como Jugador Más Valioso en la última final de la LVBP y un pasaporte que da fe de que el 20 de mayo celebrará 38 años de edad.

 

También viajó con la ilusión de sumar una campaña más a su historial, antes de despedirse.

 

Tal es su recorrido y la ofensiva que ha mostrado en los juegos de exhibición, que el manager Ned Yost todavía le tiene entre los candidatos a quedar como suplente de Salvador Pérez, a pesar de no haber disputado un encuentro en la receptoría antes de esta semana, debido a dolencias en las rodillas.

 

Porque Hernández también llevó consigo esas lastimadas articulaciones, de las que habla con orgullo y resignación.

 

Una temporada más. Esa es su meta en 2014. Todo lo otro vendrá con cada encuentro, con cada batazo, mientras redondea la que sin duda es la carrera más completa para un careta criollo en las mayores.

@IgnacioSerrano

www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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