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El último deseo de Henry Blanco y Ramón Hernández

Nueve venezolanos mayores de 35 años de edad buscan un lugar en las grandes ligas. Son verdaderos veteranos de guerra, desde Yorvit Torrealba, que cumplirá los 36 en julio, hasta Henry Blanco, que festejará 43 en agosto.
 
Tres de ellos son receptores, incluyendo a Torrealba, Blanco y Ramón Hernández. Y si es cierto lo que han declarado en las últimas semanas, los últimos dos están a un paso del retiro.
 
¿Qué opción tienen de quedarse? ¿Qué posibilidad hay de que alarguen sus carreras y agreguen laureles a su trayecto de aplausos?
 
Blanco ya tiene en su mano el pomo de la puerta que conduce a la salida. Hasta tiene trabajo asegurado: de acuerdo con un reporte de MLB.com, se quedará como instructor de los Diamantes si no hace el equipo grande, y según Yves Hernández, gerente general de los Bravos, será parte del cuerpo técnico de Margarita dentro de muy poco tiempo.
 
El careta de Guarenas se ha puesto una tarea complicada, incluso para alguien que se acondiciona con un programa de trabajo físico llamado Insanity Workout, algo así como “entrenamiento demencial”.
 
La defensa de Blanco, parece mentira, sigue siendo sólida, a pesar de su edad. No es un comentario gratuito. Apenas 18 receptores han jugado en las mayores con 42 años de edad o más, y sólo dos lo han hecho desde que Carlton Fisk recibió a un lanzador con 45 cumplidos, en 1993.
 
Esas dos estrellas solitarias en las últimas dos décadas son Pat Borders, en 2005, y el propio criollo, en 2013.
 
La competencia no es tan reñida, en teoría. Tuffy Gosewisch es el rival a vencer, tiene únicamente una campaña de roce y un largo recorrido por las menores, a la espera de esta oportunidad.
 
Gosewisch no es un bate de peligro, lo que es una buena noticia para Blanco, cuya merma ofensiva — patente en el torneo local— está reflejada en esos averages de .188 y .142 que ha dejado en sus últimos dos campeonatos en la gran carpa.
 
Miguel Montero está feliz de tenerle al lado. Queda por ver si Arizona estará contento con un catcher que no aporte con el madero, algo que puede tener respuesta afirmativa si todavía es capaz de retirar a la mitad de los hombres que le salen al robo, como hace dos años, o si ronda el 40 por ciento, como en 2013.
 
Torrealba también tiene una defensa respetable, aunque esté a la zaga de Blanco (únicamente Yadier Molina tiene mejores resultados contra los robadores contrarios que el cuarentón mirandino).
 
El último día de enero firmó con los Ángeles un pacto de liga menor. No tiene opción titular, porque allí está Chris Iannetta, y en principio tampoco debe ser el segundo de a bordo, a menos que desbanque en la competencia a uno de la casa.
 
Hank Conger es ese jugador formado en Anaheim, llamado a cuidar la espalda de Iannetta. Es un ex prospecto, cuya ofensiva prometía, pero que aún no cuaja con el madero ni como mascoteador.
 
Un Torrealba completamente sano pudiera dar el golpe y quedarse en el roster de 25. ¿Lo está? No pudo jugar con los Leones mientras se recuperaba de una cirugía en la rodilla. Espera demostrar que ya está completamente recuperado en esta primavera boreal.
 
Hernández tiene poco que mostrar, al menos a sí mismo. Su desempeño con Magallanes, atrapando el premio al Jugador Más Valioso de la final, y su actuación en la Serie del Caribe fueron las últimas proclamas a favor de un olvido de su paso reciente por los Dodgers.
 
El sucrense fue, de los tres, el que tuvo peor resultado el año pasado. Aunque dejó un muy decoroso slugging de .438, fue cortado antes de la mitad del calendario, luego de batear para .208 y apenas disputar 17 encuentros. El manager Don Mattingly nunca ocultó que no lo quería.
 
Hernández tampoco esconde que siente a diario el dolor de golpes acumulados por años, de articulaciones llevadas al límite y meniscos exigidos en demasía. Aún puede batear, como mostró en la LVBP; el asunto es cuánto tiempo más quiere jugar.
 
Por ahora está en el campo de los Reales, dispuesto a ganarse un lugar. Y su compatriota Salvador Pérez está tan contento como Montero en Arizona, ante la perspectiva de una llave venezolana.
 
Pérez va a jugar seis días a la semana. Es joven, fuerte y Kansas City necesita sus batazos también. La tarea más difícil para el sucrense, pues, será abrirse paso, a fin de poder celebrar en mayo su 38° cumpleaños.
 
Brett Hayes es el nombre de quien puede impedirle a Hernández decir adiós en sus propios términos. Ya ha sido suplente de los monarcas y tiene cinco temporadas de experiencia en las grandes ligas. No es un toletero temible. No tiene la trayectoria del caraqueño criado en Cumaná.
 
Porque Hernández es uno de los mejores receptores venezolanos de todos los tiempos y el que acumula más jonrones en esa posición, con un tope de 23 en 2006, cuando todavía era uno de los más sobresalientes caretas de la Liga Americana.
 
Tres veteranos de guerra que buscan alargar sus carreras. ¿Cuál de ellos logrará la meta?

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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