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Otro sortilegio del Brujo Willie Horton

Willie Horton ya era un caso especial cuando Magallanes anunció su contratación, a finales de 1978.
 
Mucho antes de convertirse en manager-jugador, mucho antes de ganar fama como “el Brujo” y conducir a la nave al título de la Serie del Caribe, Horton ya era un importado diferente. Cuando tomó su primer turno en la LVBP, acababa de cumplir 36 años de edad y había visto acción en 1.769 juegos en las grandes ligas.
 
Era un refuerzo de lujo, aunque parecía un pelotero en declive.
 
Venía de sacar 11 jonrones con los Indios, los Atléticos y los Azulejos, muy lejos de aquellos 36 cuadrangulares y 104 empujadas que había conseguido en sus mejores años con los Tigres.
 
Bien pudiera ser considerado uno de los últimos integrantes del Poder Negro de los Navegantes. También es el jugador de posición con más años de servicio en las mayores al momento de debutar aquí.
 
Tenía 16 campañas en la gran carpa y se había parado en el plato 6.972 veces cuando cruzó la puerta del clubhouse del estadio José Bernardo Pérez. Ningún otro bateador tenía tanta experiencia arriba al momento de incorporarse a nuestra pelota.
 
Horton vino a colación a propósito de Ted Lilly, otro importado magallanero, quien es el extranjero con mayor trayectoria entre quienes han dicho presente en la zafra actual y uno de los que ha recorrido más camino antes de estrenarse aquí.
 
En nuestra columna del martes buscábamos al pitcher con más trajín al venir a este circuito. Lilly acumula 15 campeonatos en la gran carpa, donde ha conseguido 130 victorias y ha recibido dos invitaciones al Juego de Estrellas. Pero Camilo Pascual sumaba más innings que él, así como más blanqueos y juegos de estrellas, al ser contratado por Homero Díaz Osuna para los Tigres.
 
José Montilla, uno de los creadores de PuraPelota.com, nos ayudó con el dato y, a propósito, le planteamos ir más allá. ¿Y quiénes son los bateadores con más historial, antes de reportarse acá? ¿Hay casos comparables al de Pascual?
 
Es muy frecuente repetir que los mejores importados vinieron en un pasado lejano. ¿Cómo no decirlo, si hace medio siglo era común ver en estos pagos a verdaderas figuras establecidas en las grandes ligas, como Don Baylor  y Pete Rose?
 
El salario de un bigleaguer en los años 60 era comparable a lo que podía ganarse en Venezuela, así que actuar en el Caribe era el rebusque para muchos de esos peloteros.
 
Montilla encontró una paradoja, sin embargo: tres de los bates más experimentados han llegado al país a partir de la temporada 1982-1983.
 
Horton y el cubano Leo Cárdenas se ubican de aquel lado del río. Cárdenas vino por primera vez en la justa 1970-1971. Los otros tres son el panameño Manny Sanguillén (1982-1983), Pete Incaviglia (1997-1998) y Dmitri Young (2011-2012).
 
Young estuvo con los Caribes tres años después de tomar su último turno en las mayores y de poco le sirvió la pasantía, pues terminó aceptando el retiro.
 
Sanguillén había tomado parte en 13 torneos con Pittsburgh y Oakland cuando se sumó a las Águilas del Zulia.
 
Pascual acumulaba 15, la misma cifra de Lilly. Pero hay alguien por arriba de ellos dos, en lo que respecta al total de torneos: Horton.
 
El Brujo ya había jugado en 16 campañas en la gran carpa cuando firmó con los bucaneros. En cuatro ocasiones había recibido votos para el premio al Jugador Más Valioso de la Liga Americana y aún le quedaba aparecer una vez más en el conteo de ese galardón, en 1979, con Seattle.
 
Mucho antes de revelarse como el estratega insólito, cuyas decisiones parecían fruto más de brujería que de estrategia, Horton se convirtió en el importado con mayor recorrido en las mayores que haya jugado en nuestro beisbol. Está en la historia.
 
Twitter: @IgnacioSerrano
www.elemergente.com

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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