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La sorprendente decisión de Martín Pérez

 No es común que un pitcher joven, en el inicio de su carrera y en pleno ascenso, como Martín Pérez, decida, y le declare a los medios de comunicación, con la autoridad que notamos en el portugueseño, esta semana, al explicar su decisión de someterse a la cirugía Tommy John.
 
No es común, porque se trata de una operación importante, sobre la que aún se repiten temores, mitos y medias verdades, y especialmente porque los Rangers, el equipo de Pérez, desea verle recorrer otro camino, luego de diagnosticar los médicos que el zurdo era víctima de un desgarre parcial en el ligamento colateral ulnar del codo izquierdo.
 
Los tiempos cambian, claro. Tenemos varios días repitiéndolo, al abordar en varias columnas cómo el avance de la ciencia y la tecnología han modificado el beisbol, desde el uso, posiblemente irreversible, de las repeticiones de TV para decisiones arbitrales, hasta la aplicación de la Tommy John con una naturalidad que asombra.
 
La operación que por primera vez fue puesta en práctica por el cirujano Frank Jobe en 1974 no es necesariamente la panacea americana, y vaya la alegoría con el producto del mismo nombre que se vendía en la Venezuela decimonónica del Liberalismo Amarillo.
 
Sin embargo, es muy probable que Pérez y su agente Félix Olivo hayan dado un vistazo al estudio publicado hace no mucho por el American Journal of Sports Medicine, posiblemente la investigación más extensa que se haya llevado a cabo en este tema.
 
Nos referimos a la investigación llevada a cabo por doctores del Midwest Orthopaedics at Rush University Medical Center de Chicago.
 
El reportaje publicado por el Providence Journal que citamos aquí hace dos columnas, el jueves, hablaba de un 83 por ciento de efectividad, al evaluar los resultados de la Tommy John aplicada en lanzadores de grandes ligas y ligas menores.
 
Posiblemente haya sido ese dato el que llevó al doctor Arnaldo Machado, médico jefe de los Tiburones de La Guaira, a expresar públicamente su desacuerdo con el uso casi generalizado de esta intervención, mediante la cual se reconstruye el codo de un deportista, trasplantando un tendón de otra zona del cuerpo, como reemplazo del ligamento roto o desgarrado.
 
Una cirugía con margen de error de 17 por ciento no puede ser considerada, en modo alguno, un método indiscutible. Sobre todo cuando existen bases bien fundamentadas para creer en los beneficios de la rehabilitación, igualmente avanzada gracias a las innovaciones introducidas a partir del empleo de células madre.
 
Una lectura al informe original del Rush University Medical Center permite entender mejor la seguridad con que Pérez y Olivo han manifestado su preferencia por el bisturí, en vez del camino que prefieren en la oficina de los texanos.
 
En realidad, el margen de error de la Tommy John es considerablemente reducido, inferior al 3 por ciento.
 
El equipo de investigadores estudió los 179 casos conocidos entre 1974 y 2012, hallando datos sorprendentes, que sirven para desmitificar en parte esta polémica operación.
 
Sólo 5 de 179 monticulistas no volvieron a lanzar profesionalmente, después de la cirugía. El dato utilizado en elProvidence Journal en realidad se refiere a que 83 por ciento de los operados, al regresar, han puesto números iguales o superiores a los exhibidos antes de entrar al pabellón.
 
Veamos las cifras en dos platos: de todos los tiradores a quienes se les aplicó la Tommy John, 3 por ciento no volvió a lanzar y 97 por ciento sí regresó. Ese último grupo se divide entre 14 por ciento que puso estadísticas inferiores a aquellas previas a la lesión y 83 por ciento que recuperó o mejoró su antiguo nivel.
 
“Tomamos las estadísticas antes de la cirugía y también las mismas estadísticas conseguidas después, y las comparamos entre sí”, explicó el doctor Brandon Erickson, autor de la investigación.
 
La enorme mayoría de serpentineros consiguió más ponches, menos hits, boletos y jonrones por innings, al subir otra vez a la loma.
 
Erickson, claro, admite que la lesión en sí misma fue una causa de merma en las cifras, lo que añade cierta subjetividad que debe tomarse en cuenta, pero es patente el contraste.
 
Por otro lado, que 14 por ciento haya vuelto y desmejorado no necesariamente podría ser una consecuencia en sí misma del trasplante, pues es natural que de un año a otro decaiga un grupo de atletas en una disciplina mientras otro grupo viene en ascenso. ¿Cuántos de esos que declinaron lo hicieron porque ya les tocaba recorrer la parte final del proceso de ascenso, auge y caída que rige la carrera de todo deportista? Probablemente muchos.
 
La investigación ofrece datos que lucen incontestables, especialmente al saber que el camino de rehabilitación puede tomar hasta cuatro meses, sin garantizar que en septiembre u octubre sea necesario aceptar como necesaria la operación, lo que demoraría en otros 12 meses el regreso y, por lo tanto, implicaría perder dos temporadas completas, retornando en 2016 y no en mayo o junio de 2015.
 
Todo esto posiblemente influye también en que hoy sean más las operaciones de este tipo, aunque no debería servir para negar que los avances en el uso de las células madre pueden llegar a convertirse en un método más efectivo, rápido y usado en un futuro que quizás no sea lejano.
 
La decisión del zurdo venezolano, sin embargo, tiene otro basamento. Se trata de una lesión importante, que amerita una decisión importante. Se trata de escoger entre dos riesgos.
 
Los Rangers piensan en la recta final de 2014, en recuperar al zurdo y contar con él en unos eventuales playoffs. Para ellos, el rédito en caso de suceder lo que esperan es equivalente al riesgo a asumir.
 
Pérez piensa en los playoffs de 2015. Postergar este año es un mal necesario y relativamente más seguro para él que poner en duda dos campañas completas.
 
Lo que sorprende es que, siendo tan joven, lo explique con tanta naturalidad.
@IgnacioSerrano

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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