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El sorprendente caso de Santos Hernández para nuestro Salón de la Fama

Hay un nombre que llama la atención en la planilla de votación de nuestro Salón de la Fama del Beisbol, repartida recientemente entre los miembros del Comité Contemporáneo.

Es un nombre que dice poco o nada a muchos aficionados. Se trata de un panameño, para más señas, lo que añade peso a la interrogante.

¿Es Santos Hernández un inmortal? ¿Merece una estatuilla al lado de Luis Aparicio, Víctor Davalillo y David Concepción?

 No responda de inmediato. Piénselo, mientras repasa con nosotros la trayectoria de este relevista canaleño en la LVBP, donde tuvo el único infortunio de lanzar para el equipo con menos promoción, fanaticada y publicidad en el último medio siglo: Pastora de Los Llanos.

 Es obligatorio primero alertar que nuestro Salón de la Fama contempla la entronización de importados. Ya Luis Tiant y Diego Seguí tienen un lugar allí. Puesto que se trata de celebrar lo mejor que ha pasado por nuestra pelota, desde el amateur hasta las grandes ligas, con énfasis en el profesional, es justo reconocer también a quienes han sido los extranjeros más sobresalientes, los que mayor brillo le dieron a nuestro circuito.

Hernández es, sin duda, uno de ellos. La duda está en determinar si sólo fue un refuerzo sobresaliente o si, en cambio, es merecedor de la inmortalidad.
 
En sus cinco temporadas aquí, tiempo mínimo exigido para que un forastero aparezca en la planilla, el canaleño fue el mejor cerrador del país.

Miren su total de salvados en las temporadas 1997-1998 (21, un récord todavía vigente), 1998-1999 (16), 1999-2000 (17) y 2000-2001 (14).

Todavía vino en otro campeonato y añadió un par de rescates. Sumaba 70 cuando se marchó la última vez, sólo superado por los 73 de Luis Aponte en los anales de la LVBP. Pero eso no es lo más sobresaliente.

En la historia del circuito, únicamente ha habido 38 cosechas de 14 o más rescates en una zafra. Los actuales líderes de todos los tiempos en esa estadística, Richard Garcés y Francisco Buttó, lo hicieron en tres ocasiones. Un solo un pitcher desde la creación de nuestro beisbol rentado lo hizo en cuatro temporadas: Hernández.

Es verdad que después de 2001 él y Aponte fueron superados en el total acumulado por Garcés, Buttó y Jorge Julio, pero está claro que es uno de los más notables apagafuegos que ha pasado por nuestros diamantes.

¿Y en otros aspectos? ¿Fue lo suficientemente dominante como para ser inmortal?

El istmeño es un caso sorprendente. De entre los 22 bomberos con al menos 30 salvamentos aquí, menos de la mitad de lo que él consiguió, ocho tienen mejor efectividad que ese 3.01 que dejó con Pastora: Jay Baller, Porfirio Altamirano, Luis Mercedes Sánchez, Giovanni Carrara, Francisco Rodríguez, Julio, Aponte y Julio Machado.

Fueron o son brazos de élite. Pero es una señal engañosa.

Hernández es el número uno en WHIP (1.10), es segundo en promedio de bases por bolas por cada nueve innings (2,49, sólo por detrás de Altamirano), es segundo en la relación entre boletos y ponches (3,53, escoltando al Kid Rodríguez), es tercero en promedio de hits (7,50, a la zaga de Baller y Garcés) y cuarto en promedio de ponches (8,51, superado únicamente por Rodríguez, Oscar Henríquez y Garcés).

 Estamos frente a uno de los mejores relevistas en la historia de la liga, mejor en muchas cosas que el ya inmortal Aponte.

 Mejor que casi todos, en casi todo. Es una verdadera tentación votar por él.

 Aún no hemos decidido cómo completar la planilla, pues hay más candidatos con méritos que puestos disponibles. Pero algo nos queda claro: será una grave injusticia dejar por fuera a Santos Hernández sin al menos pensarlo muy, muy bien.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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