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¿Es realista pensar en Hank Aaron?

La matemática no miente: Hank Aaron llegó a 400 jonrones a la misma edad que Miguel Cabrera y dio 355 cuadrangulares en la segunda parte de su carrera, para dejar en 755 el récord de todos los tiempos. 

Cabrera promedia 36 vuelacercas por temporada y le quedan 8 años de contrato con los Tigres, más 2 opciones. A este paso, llegará a 760, más que Aaron y apenas dos menos que Barry Bonds, el actual dueño de la marca.

El venezolano, en conclusión, va en ruta a hacer historia, ¿correcto?

Así no funciona. Las proyecciones son como las encuestas: sólo sirven para conocer tendencias. Imposible saber por adelantado cómo terminará el cuento.

Siete peloteros llegaron a 400 bambinazos a más temprana edad que Aaron, Bonds y Cabrera. Ninguno alcanzó los 700. Todos cedieron al paso del tiempo (Alex Rodríguez permanece activo).

Es lo que hace tan grande a Babe Ruth, que se habría acercado a los 800 de no comenzar su carrera como lanzador. O a Aaron, que nunca sacó 50 pelotas del campo en una zafra, pero sumó, sumó y sumó con una consistencia insólita.

Bonds no cuenta para especular. Él mismo admitió ante el Gran Jurado del caso Balco que consumió esteroides y hormona de crecimiento humano durante años, aunque supuestamente sin saber de qué se trataba, y más adelante cumplió suspensión al dar positivo por anfetaminas.

El uso de sustancias artificiales para mejorar el rendimiento deportivo explica que el líder de todos los tiempos tuviera mejor promedio jonronero después de cumplir los 32 años de edad, que antes. Eso es contra natura.

No hablaremos hoy sobre el trasfondo ético de aquello. Lo citamos para que quede claro otro aspecto contra el que luchará Cabrera: el paso del tiempo, que minará su cuerpo, sin la posibilidad de ayudarse con inyecciones y tratamientos, debido a que la lucha antidopaje en las Grandes Ligas es estricta ahora.

Así que el venezolano necesita dar 35 tablazos de vuelta completa por torneo, durante 10 justas. ¿Es eso posible?

Aaron lo hizo. Quizás consumiera anfetaminas, no hay modo de precisarlo; eran muy populares en su tiempo y hoy están prohibidas. Pero el aragüeño tiene de su lado los avances legales de la ciencia, una mejor preparación física y una alimentación diseñada para aumentar el rendimiento.

El mayor obstáculo para Cabrera será su gran aliado del presente: su cuerpo. Los peloteros altos, fornidos y pesados suelen reducir sus números, en promedio, a más temprana edad que aquellos de condición más atlética, más ágiles, más delgados.

Esto tiene una razón primordial: las articulaciones, huesos y ligamentos, zonas cruciales como las rodillas, tobillos y caderas, no están diseñados para soportar el impacto de 100 o 120 kilogramos en constantes carreras, caídas y choques, día tras día y año tras año. Llega el momento en que fallan. Es la ley de la vida. Se le llama envejecer y nos toca a todos vivirlo.

Ken Griffey Jr. es un caso emblemático. Iba en ruta a los 700 cuando su cuerpo acusó el trabajo y el esfuerzo de una década. Como nunca se dopó para compensarlo, dejó de ser centerfielder, dejó de ser jonronero y, finalmente, dejó el beisbol.

¿Llegará Cabrera a 755? Es imposible saberlo hoy. Lleva el ritmo, sí, pero él es más un bateador puro que un jonronero nato. Y las proyecciones sirven de poco. Son un juego. Nada más.


Twitter: @IgnacioSerrano

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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