• Caracas (Venezuela)

Al instante

blog-head

Un puñado de propuestas para la jornada de reflexión de la LVBP

Sólo República Dominicana exporta más peloteros que Venezuela. El último corte documentado, realizado en abril de 2013, arrojó que 1.034 jugadores nacidos en el país de Luis Aparicio tenían contratos con el beisbol internacional, desde la Venezuelan Summer League hasta la gran carpa, pasando por multitud de circuitos independientes.

En ese millar sobresale un grupo importante, más de 800, que pertenece a los ocho equipos de la LVBP.

¿Por qué, si esto es así, en la temporada 2013-2014 se jugó con nueve importados por divisa, es decir, con uno más que lo tradicional?

La circunstancia ya casi está en el olvido. Existía el peligro de que los peloteros protegidos en roster de 40 se perdieran el campeonato. Era casi un centenar de lo más granado entre los nativos.

Fue una medida necesaria, aunque en octubre se levantó la veda y los protegidos en roster de 40 pudieron a jugar.

¿Cómo impactó eso en el nivel del espectáculo? Poco o nada, en realidad. Sin contar la postemporada, pasaron por aquí 172 refuerzos extranjeros, a una media de casi 22 por escuadra. Muy pocos trascendieron, como Cory Aldridge, Mitch Lively o Leslie Anderson.

El average colectivo de los forasteros fue apenas .283, cuatro puntos más que el promedio de la liga.

La efectividad colectiva de los pitchers venidos de afuera fue de 4.51, en contraste con el 4.64 del circuito. Incluso tuvieron récord negativo, si eso es reflejo de algo: ganaron 96 y perdieron 121.

Este miércoles se llevará a cabo la jornada de reflexión de la LVBP. Los equipos evaluarán lo ocurrido en la zafra, incluyendo la cuota ampliada de nueve importados. Existe la posibilidad de mantenerla, reporta Carlos Valmore Rodríguez en el excelente portal LetrasDeporte.com.

Volver a jugar con nueve hombres venidos de fuera puede tener costos a futuro que es mejor no tratar de comprobar. Más allá de tener que pagar salarios inflados a los criollos contra extranjeros a los que se financia con dólares subsidiados, hay un asunto de desarrollo, imagen y mercadeo.

Son los jugadores venezolanos los que venden camisetas y se vinculan con el imaginario y emociones de la fanaticada. Son ellos quienes simbolizan y representan cada franquicia. Las piezas sobre las que todo aficionado construye el sueño de la campaña por empezar. La ilusión de quienes llenan gradas y tribunas, y se sientan delante del televisor o junto al radio.

Tener un nativo menos en acción reducirá en 14 por ciento la posibilidad de desarrollo y consolidación de una nueva generación de criollos. Es demasiado margen. Por eso es un riesgo mantener la medida, aunque otros intereses la hagan atractiva.

Pensemos en el futuro de la LVBP. En cómo se vincula la gente con el pasatiempo nacional y dejemos como está lo que ha funcionado bien.

No corramos riesgos innecesarios, especialmente porque las estadísticas comprueban que aquellos que entran a Maiquetía con visa de trabajo no hacen mayor diferencia en el espectáculo, salvo contadas excepciones.

Muchas otras cosas se discutirán en la reunión donde coincidirán la directiva liguera con los representantes de los ocho clubes.

En mayo, en la convención anual, se presentará el código de ética y sanciones, para ser aprobado por los equipos. Ojalá reciba respaldo, para que se selle la posibilidad de saber qué tipo de castigo (suspensión o multa) debe aplicarse en cada caso, terminando con la subjetividad y las protestas que ella conlleva.

Es importante que en este período de reflexión se apoye la aplicación de suspensiones aunque una escuadra esté en plena lucha por los playoffs o algún jugador persiga un récord histórico.

Nunca más puede permitirse que un protagonista del espectáculo atente contra nuestro deporte rey haciendo gestos obscenos en transmisión nacional de TV o instigando golpizas, con castigos que por la trascendencia del momento resultan moderados o son postergados para la siguiente eliminatoria.

Los jugadores y equipos deben tener claro que conductas así pueden perjudicar al club en carrera por el título. No sólo nuestro beisbol, el país completo agradecerá la creación de una política de cero tolerancia en este tema.

Esto también requiere transparencia para informar de modo oportuno las sanciones aplicadas. No se trata de exponer a los infractores al escarnio, pero sí de permitir que los castigos tengan efecto, para contener la reiteración de las infracciones.

Esto está relacionado con la violencia en las tribunas y las gradas. Se une al acoso de algunos fanáticos a peloteros y técnicos. Se vincula con la aparición de conductas intolerantes, antideportivas y groseras.

El beisbol profesional venezolano es una fiesta de todos, una de las últimas plazas donde nos reunimos, felices, dispuestos al abrazo y la chanza, en medio de nuestras diferencias.

O defendemos su pureza con decisión o seguiremos viendo su "argentinización", del mismo modo que perdimos el tiempo advirtiendo contra la "colombianización" de nuestra sociedad, sólo para ver que hoy la violencia generalizada ha ido desapareciendo de Colombia para instalarse en nuestra transida y amada Venezuela.

Esto sólo podrá cambiarse con un verdadero compromiso de los ocho conjuntos, que lleve a campañas de largo aliento y con múltiples vías de comunicarlas a los aficionados y peloteros: usando las pantallas de los estadios, los circuitos radiales y de TV, desplegando anuncios y gigantografías en los parques y más.

En esta semana de reflexión para la LVBP, merece también un vistazo la relación de las novenas con los medios de comunicación.

El trato de algunos empleados de seguridad en el campo es a veces denigrante y agresivo, como pueden dar fe, por ejemplo, los reporteros que cubrieron al Magallanes esta temporada.

Los palcos de prensa se quedan pequeños ante el desarrollo de los medios on-line y el crecimiento de la cobertura en los medios tradicionales.

La atención y dotación de esos a menudo incómodos palcos incluye un servicio de internet pobre, que, por ejemplo, mantuvo a un país desconectado de las noticias de la final, mientras se disputaban algunos de sus encuentros.

Ni hablar de los casos en los que ni siquiera hay agua fresca disponible para las decenas de reporteros que trabajamos desde la tarde, bajo el sol, en esos escenarios (son varios) donde es costumbre que ni siquiera haya agua para los comunicadores en las horas previas a la voz de playball, un tiempo en el que se da importante cobertura y promoción al espectáculo.

Este es un puñado de propuestas, para esta semana de reflexión. Mañana haremos otras más.

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Google Plus One:

  • Addthis Share:

Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

Histórico