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¿Por qué preferir un manager venezolano?

¿Es una garantía de éxito contar con un manager nativo en la pelota venezolana?
 
Pocos aficionados creen lo contrario y, visto desde ciertos puntos de vista, es comprensible que piensen así.
 
Existe un vínculo emocional, muchas veces, entre el piloto y la afición, debido a que a menudo ese estratega sale de las propias filas de la divisa: Eduardo Pérez de las Águilas, por ejemplo, o Alfredo Ortiz y David Concepción de los Tigres, Luis Salazar de los Tiburones, Luis Sojo de los Cardenales, Carlos Hernández de los Leones o Carlos García del Magallanes.
 
Son algunos casos emblemáticos. Pero pueden citarse más.
 
En esta búsqueda de cómo ha sido el estreno de cada timonel criollo, a propósito del reciente nombramiento de Henry Blanco con Margarita y Omar López con Anzoátegui, llevamos dos días pasando páginas y chequeando sitios, apelando a la memoria humana y documental, buscando pistas para saber qué puede depararle a los debutantes.
 
En los últimos 20 años, al menos 16 dirigentes venezolanos han sido nombrados formalmente como managers a tiempo completo y han tenido la responsabilidad desde el juego inaugural, con la esperanza de clasificar y disputar la corona.
 
Ese grupo está compuesto así, so pena de haber dejado alguno afuera:
 
Luis Salazar en la temporada 1994-1995, con los Tiburones.
 
Alfredo Ortiz en la 1995-1996, con los Tigres.
 
Omar Malavé en la 1996-1997, con los Cardenales.
 
Alfredo Pedrique en la 1997-1998, con los Navegantes.
 
Luis Dorante en la 1999-2000, con Pastora.
 
Rodolfo Hernández en la 1999-2000, con los Tigres.
 
Omer Muñoz en la 2001-2002, con las Águilas.
 
Jesús Alfaro en la 2004-2005, con los Tiburones.
 
Luis Sojo en la 2005-2006, con los Cardenales.
 
Edgar Alfonzo en la 2005-2006, con Pastora.
 
Carlos Subero en la 2005-2006, con los Leones.
 
Carlos Hernández en la 2006-2007, con los Leones.
 
Marco Davalillo en la 2007-2008, con los Caribes.
 
Eduardo Pérez en la 2008-2009, con las Águilas.
 
Álvaro Espinoza en la 2008-2009, con los Caribes.
 
Carlos García en la 2009-2010, con los Navegantes.
 
Varios de ellos se estrenaron a mediados del torneo, en sustitución de mandamases despedidos o renunciantes, pero pudieron tener las riendas  desde el día inaugural, posteriormente. A este grupo se unen ahora Blanco y López.
 
Únicamente Malavé, Sojo, Subero y García han levantado el trofeo sobre sus cabezas.. Malavé lo hizo dos veces.
 
El presente siglo ha sido particularmente hostil a los mandos locales, posiblemente debido al éxito de Buddy Bailey y su dictadura con Aragua.
 
Desde la zafra 1999-2000 hasta la más reciente, entre Bailey, Mark Bombard, Nick Leyva, Phil Regan, Dave Hudgens y Julio Franco han logrado 11 títulos.
 
Ya una vez advertimos que estos resultados pueden ser cíclicos. Por ejemplo, entre la justa 1990-1991 y la 1998-1999 hubo tan sólo dos cetros para extranjeros, los de Tim Tolman y John Tamargo, contra siete para los nativos, festejados por Domingo Carrasquel, Pompeyo Davalillo, Gregorio Machado y Malavé.
 
Un piloto del patio genera un atractivo que puede ir más allá del chovinismo. Que Omar Vizquel dirija al Caracas y lo haga con buenos resultados es un sueño de aficionados y directivos.
 
Ese sueño no termina siempre bien. Concepción no consiguió ganar con Aragua y Carlos Hernández salió de los melenudos en medio de un escándalo que afeó su bien ganada memoria. Salazar nunca pudo celebrar con La Guaira. Sojo fue dado de baja en Lara.
 
Oswaldo Guillén, que no ha debutado como técnico en la LVBP, repite que lo único seguro para un timonel, después de firmar su contrato, es su eventual despido.
 
Tal vez Guillén vaya a ser la única excepción a su propia regla; se supone que conducirá a los escualos el día en que se lo pida a la directiva y posiblemente será él mismo quien se dé de baja, si aquello llega a ocurrir.
 
Hay atractivos concretos, sin embargo, para seguir buscando estrategas nacionales. El idioma y la facilidad de comunicación con la nómina criolla es uno. Su crecimiento en el sistema de ligas menores y la gran carpa es otro.
 
Pedrique fue el líder del clubhouse en Arizona, nada menos. Pérez y Blanco son coaches de grandes ligas, como antes Salazar, Dorante, Sojo y García (Muñoz lo fue después de su pasantía con las Águilas).
 
La formación, el rigor profesional y el reconocimiento por parte del beisbol organizado ya no son exclusividad de los forasteros. Los locales añaden la ventaja de conocer la idiosincrasia del país y sus jugadores, y acortan el período de ensayo y error, que puede ser largo en algunos casos.
 
No sólo los títulos miden el éxito. También avanzar a los playoffs. Con pocas excepciones, los 16 de esa lista iniciada en la campaña 1994-1995 han sido habituales de la postemporada. Son escasos los que juntan debut con despedida.
 
¿En qué grupo entrarán Blanco y López? Al primero le auguran un buen futuro, por su conocimiento del juego; el segundo se ha ganado una muy buena reputación en Houston, donde ha hecho carrera.

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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