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La precaria vida de un ex pelotero profesional

Luis Raven jugó en nuestra pelota durante 16 temporadas. En su último torneo sostuvo una pulseada con Robert Pérez por el récord de jonrones en la LVBP, que finalmente quedó en poder del guayanés. Fue figura emblemática del Magallanes. Recibió aplausos con el Caracas, Lara, Oriente, Pastora y Zulia.
 
Hace poco más de un lustro dijo adiós. Es candidato a nuestro Salón de la Fama y es posible que entre allí algún día.
 
Raven, sin embargo, no dispone de una pensión que merezca ser llamada así.
 
Mientras lucha por salir del delicado momento que atraviesa, tras sufrir el martes un aneurisma, su familia acude al patrimonio familiar y a la solidaridad, para poder costear los inmensos gastos que representa el uso de una aeroambulancia, someterse a una delicada cirugía y pasar varios días en terapia intensiva.
 
La parentela del ex slugger no ha pedido públicamente un apoyo económico; sólo oraciones.
 
Pero el caso nos hizo recordar a tantos astros y leyendas de nuestro beisbol, que carecen de seguridad social y sufren los embates de una economía en profunda crisis, sin mayor ayuda de una Asociación de Peloteros que sólo existe en el papel y en el organigrama de una directiva que no ha sido capaz de atender las necesidades de sus agremiados.
 
Luis Peñalver tiene una estatuilla en el pabellón de Valencia, gracias a su brillante trayectoria con Oriente, Orientales, Magallanes, Caracas, Zulia y Aragua. Cuando le llamamos para hablar de su gran amigo Camaleón García, el día en que murió la antigua estrella de nuestra pelota, no pudo contenerse.
 
“Ahora todos se acuerdan de él, pero tenían que recordarlo en vida, en medio de las necesidades que tuvo”, exclamó.
 
Tiene razón. Aunque antes lo habíamos entrevistado, a él y a Camaleón y a tantas otras leyendas de la LVBP; aunque permanentemente tratamos de recordar las viejas hazañas y logros de aquellos astros de siempre, recibimos la queja del ex lanzador con comprensión y afecto, sobre todo porque estuvo seguida, de inmediato, por el reclamo universal que hacen de modo casi unánime los jugadores de su generación: la Asociación de Peloteros no funciona y las pensiones no sirven de nada.
 
Se lo hemos escuchado a menudo a los padres fundadores de nuestro pasatiempo nacional. ¿Qué se hace con 300 o 500 bolívares mensuales, la cantidad que entrega AsoPeloteros a aquellos quienes reciben la simbólica pensión? Muchos ni siquiera la cobran.
 
“Sólo te alcanza para poner gasolina”, ironizó una vez el gran Oswaldo Blanco, uno de nuestros primeros grandeligas, animador del circuito local durante 20 campeonatos.
 
Antonio Armas, nada menos que Antonio Armas, tuvo que postergar durante años una cirugía y finalmente se sometió a la operación corriendo él mismo con los gastos, porque la póliza del ente gremial no tenía suficiente cobertura para algo tan cotidiano como una intervención en la rodilla.
 
Antonio Álvarez es el nuevo ministro del Deporte. Magglio Ordóñez es alcalde de Puerto La Cruz. Carlos Guillén dirige el deporte regional en el estado Aragua.
 
Hay suficientes ex jugadores en posiciones de poder como para estimular un proceso que conduzca a un verdadero sistema de protección social para quienes alegraron nuestra niñez y ayudaron a hacer un mejor país.
 
Magallanes apoyó a Camaleón durante años, con un aporte económico que el legendario antesalista bien merecía. Pero no todos tienen esa suerte y los peloteros que vieron acción en las décadas de los años 70, 60 y antes de eso cobraron sueldos discretos, que no daban para invertir en un negocio del cual vivir una vez llegada la hora del adiós.
 
Es tanto lo que nos dieron. ¿Hasta cuándo seguiremos dejándolos solos?

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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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