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¿Qué pasa con Aníbal Sánchez?

Aníbal Sánchez tiene buenos números. Es líder en juegos iniciados en la Liga Americana, con 10, y en 60.1 innings acumula 59 ponches, con apenas 17 boletos. Promedia 8,8 fusilados y 2,5 base por bolas por cada 9 entradas, entre lo mejor de su carrera.

También tiene números preocupantes. Es líder con 41 anotaciones merecidas en la Americana y tiene una efectividad de 6.12, amén de 11 jonrones. Eso le da una media de 1,6 vuelacercas por cada 9 episodios, la peor frecuencia en su carrera.

La temporada del aragüeño es una inmensa paradoja, sin fácil explicación.

Únicamente en 2013 pasó a más gente por las armas. Pero jamás le habían sacado la pelota de parque así.

La presentación del domingo pintó perfectamente esta dualidad: permitió tres carreras en el primer acto, tiró en blanco del segundo al quinto, y fue emboscado nuevamente en el sexto, para cuatro rayitas más.

¿Dónde está el verdadero Aníbal?

Su campaña es un poco mejor de lo que su efectividad sugiere. El FIP (Fielding Independent Pitching, pitcheo independiente del fildeo) es una prueba. Se trata de un promedio que se concentra en aquello que hace el lanzador, sin que entren en juego los fildeadores: ponches, boletos y jonrones. Sirve para ver qué tan dominante es un serpentinero y cuánta ayuda está teniendo (o no) de sus defensores.

No cierre la página acá. Véalo de este modo: el FIP es básicamente una efectividad que en vez de carreras toma en cuenta los tres valores arriba expuestos. Y son valores que miden dominio puro: abanicar a los contrarios, mantener la pelota dentro del parque y no entregar pasaportes. De allí su valor para medir lo bien o mal que está un tirador.

La cuenta del FIP debería dar un número cercano a la efectividad real de cada quien. Por eso, un FIP que ronde los 3.00 es positivo, mientras que uno de 5.00 resulta pésimo, igual que sucede con el promedio de carreras limpias.

Sánchez tiene 4.46 de FIP, lo que no es para enorgullecerse. Pero tampoco es consistente con aquel 6.12 de párrafos atrás. El hueco entre su dominio y los resultados finales es muy grande. Por eso, hay que buscar más allá.

Le están dando extrabases como nunca. He allí una primera explicación.

Los rivales le batean para .268, con un promedio de embasado de .318, cifras manejables.. En cambio, tienen un slugging de .477, algo intolerable. ¿Por qué?

Frangraphs muestra que le están dando más elevados y más líneas, al tiempo que está forzando menos roletazos y menos globos al cuadro. Eso explica los extrabases.

Su velocidad es la misma, casi 92 millas por hora. Está usando más la recta y menos el slider o el cambio. Quizás allí empiece todo. O puede que sea la mecánica, como se quejaba en el spring training.

Ojalá sea eso y no una molestia física. No es infrecuente que un monticulista trabaje a pesar de una lesión, de la que prefiere no hablar con su alto mando. Eso justificaría los saltos en el camino.

O tal vez sea asunto de encontrar la velocidad y ángulo correctos al soltar la bola, su quebradero de cabeza en marzo.

Algo está claro: él y los Tigres necesitan hallar pronto la respuesta. Y que desaparezcan ya estos Jekyll y Hyde.


@IgnacioSerrano  |  www.elemergente.com


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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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