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Los octubres de Luis Aparicio

Hace exactamente 60 años, Oscar Prieto Ortiz, el legendario Negro Prieto, dio una buena noticia a los seguidores del Caracas: Luis Aparicio había sido firmado por él y por Pablo Morales para vestir la camiseta de los Leones.

 

Muchos aficionados capitalinos desconocen la anécdota. Poco después de haber debutado en la pelota profesional venezolana con el Gavilanes, mucho antes de llegar a las Grandes Ligas y de convertirse en figura emblemática de los Tiburones en la LVBP, Aparicio defendió a los melenudos y fue su shortstop.

 

Tenía el zuliano 20 años de edad. Apenas 11 meses antes había recibido el bate de manos de su padre, Luis Aparicio Ortega, en ese celebérrimo episodio ocurrido un Día de la Chinita, el 18 de noviembre de 1953.

 

Casi no tenía experiencia en la más alta competencia. Su carrera en el norte acababa de comenzar. Venía de actuar en categoría B, en las granjas de los Medias Blancas, algo así como la clase A media de hoy, y en su única participación en la LVBP, en el torneo Rotatorio, había ligado para .244 con el Gavilanes, precisamente en la zafra 53-54 que marcó su debut.

 

La pasantía caraquista del inmortal marabino fue corta. Apenas 40 encuentros y .197 de average. Pero quizás algunos ojos avizores en el por entonces novísimo estadio Universitario se hayan percatado de que estaban delante de alguien muy especial.

 

Después de todo, Aparicio había sido un nombre importante en la pelota amateur, miembro de la selección nacional e hijo de una celebridad del deporte en Venezuela.

 

El “pequeño Luis” pasaría la siguiente década en su tierra natal, defendiendo al Gavilanes y posteriormente al Rapiños, o labrando en las mayores una reputación que le llevaría al Salón de la Fama de Cooperstown, después de su retiro.

 

Exactamente una década después de aquel 2 de octubre de 1954, Pedro Padrón Panza hizo felices a los seguidores de los Tiburones con un anuncio semejante al que pronunciara aquella vez el Negro Prieto: Aparicio había aceptado formar parte de La Guaira, luego del colapso de la Liga Occidental.

 

Ya en 1964 no era el muchacho que adquirieron los Leones. Su fama había crecido al ritmo de seis guantes de oro, cinco convocatorias al Juego de Estrellas de la MLB, dos premios como Novato del Año (aquí y en la gran carpa) y nueve títulos consecutivos como líder robador de la Liga Americana, un logro excepcional que ni siquiera el gran Rickey Henderson pudo igualar.

 

La apoteosis de esa fama ocurrió en otro mes de octubre que quedaría grabado para siempre en la vida de Aparicio. Esta semana se cumplen 55 años de la primera aparición de un pelotero venezolano en la postemporada de las Grandes Ligas.

 

El 1° de octubre de 1959, el torpedero zuliano disputó su primer choque de Serie Mundial. Por aquel entonces no existía más playoff que el llamado clásico de octubre. Y el día 2, alineando como primer bate, disparó el primer hit.

 

Salvador Pérez fue el héroe de los Reales con el imparable casi imposible que largó el martes y Pablo Sandoval brilló con el bate y el guante un día después..

 

Ellos, así como Miguel Cabrera, Víctor Martínez y el resto de los 20 criollos por ahora llamados a ver acción en este octubre de 2014, son los herederos más recientes de un legado que comenzó con Aparicio y aquellos inolvidables “Go-Go Sox”.

 

Twitter: @IgnacioSerrano

www.elemergente.com


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Sobre el autor

Ignacio Serrano

Periodista egresado de la UCAB. Locutor. Colaborador y columnista de ESPN. Conductor de televisión

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